lunes, 22 de diciembre de 2025

EVIDENCIAS DE MINERÍA Y METALURGIA ANTIGUA EN SAN JUAN DE LURIGANCHO

  Lic. Julio Abanto Llaque


Siendo aún muy joven me aventuré a ingresar al socavón de una antigua mina situada en los cerros de Canto Chico. Entre los años 1996 y 2005 realicé un recorrido sistemático por el distrito de San Juan de Lurigancho, logrando identificar un conjunto de antiguas labores mineras. A ello se sumó el hallazgo de diversos objetos asociados, lo que nos permite suponer un posible origen prehispánico de esta actividad.

En la zona de Cuello Repartición (San Fernando), existía todo un complejo minero, hoy casi imperceptible (Foto: JHALL, 2005) 

¿Qué minerales se extraían en estos lugares? ¿Existe algún registro histórico o arqueológico que lo documente? Estas son algunas de las interrogantes que motivan el interés de la presente nota. Sin duda, la minería ha sido y continúa siendo una de las actividades extractivas más importantes para la economía del país. Según información publicada en el portal oficial del Ministerio de Energía y Minas, “entre enero y mayo de 2025, el valor de los productos mineros alcanzó los US$ 21 684 millones, lo que representó un incremento del 15,7 % respecto al mismo periodo de 2024”(1).

La economía mundial, por su parte, viene redefiniéndose sobre la base del debilitamiento del dólar, contexto en el cual el oro es considerado una de las mejores opciones para la generación de reservas. Durante el presente año, el metal dorado alcanzó cifras récord tanto en demanda como en precio, llegando a cotizarse en USD 4 200 la onza en octubre de 2025.

Pero ¿desde cuándo el metal precioso se convirtió en el predilecto de la humanidad? El manejo de los metales es una práctica muy antigua. Su descubrimiento generó una profunda transformación en las sociedades del pasado y marcó etapas claramente diferenciadas en el desarrollo cultural del Viejo Mundo, conocidas como la Edad del Cobre, la Edad del Bronce y la Edad del Hierro.



Definición

La minería es la actividad económica dedicada a la extracción de minerales y otros materiales valiosos del suelo y subsuelo de la Tierra. Estos recursos son posteriormente procesados para su uso en diversas industrias, siendo fundamentales para el desarrollo de la vida moderna.

Se trata, por tanto, de una labor muy antigua que ha servido para establecer divisiones temporales y culturales en la historia de la humanidad. En el Viejo Mundo, por ejemplo, la prehistoria se divide en la Edad de Piedra y la Edad de los Metales, esta última subdividida en Edad del Cobre, del Bronce y del Hierro. Si analizamos estas etapas desde una perspectiva de evolución cultural, ambas se sustentan en la explotación de determinados recursos naturales: canteras de sílex u obsidiana para la elaboración de herramientas líticas, y vetas con minerales metálicos que, tras su extracción y posterior transformación, permitieron la elaboración de diversos objetos.

Existen varios métodos principales de labor minera, los cuales se eligen según la ubicación y la naturaleza del yacimiento:

· Minería de superficie (o a cielo abierto): Se emplea cuando los minerales se encuentran cerca de la superficie. Consiste en la remoción de capas de suelo y roca para acceder al yacimiento. Dentro de esta categoría se incluye la minería aluvial o placer, utilizada principalmente para la extracción de oro en depósitos sedimentarios de ríos o zonas costeras.

· Minería subterránea: Comprende la excavación de túneles y pozos para extraer minerales ubicados a mayor profundidad.


En el interior de la mina situada en los cerros de Canto Chico, hoy conocidas como Lomas El Mirador (Foto: JHALL, 1989)

El uso de los metales en los Andes

Muy cerca del lago Titicaca se ubica el yacimiento arqueológico de Jiskairumoko. Entre los años 1999 y 2004, arqueólogos de la Universidad de California realizaron excavaciones en el lugar, logrando descubrir la tumba de una mujer de élite. Entre el ajuar funerario se halló un collar compuesto por cuentas de oro trabajadas en frío y piedras semipreciosas. El fechado radiocarbónico otorgó a este hallazgo una sorprendente antigüedad de ca. 2000 a. C., constituyéndose en una de las evidencias más tempranas del uso del oro en los Andes (2).

La evidencia más temprana procede del relato del historiador francés Jacques Poloni (1987:34), quien menciona el hallazgo de objetos metálicos como “tupus de cobre y finas cintas enrolladas del mismo metal” acompañando entierros del desaparecido sitio arqueológico de Potrero Tenorio(3), fechados alrededor del 600 d. C.

Por su parte, las excavaciones dirigidas por Pedro Caycho en el sitio de Mangomarca dieron como resultado el hallazgo de un fardo funerario que incluía tupus de metal(4). Es, sin embargo, en sitios como Canto Chico y El Sauce, ambos asociados a la presencia incaica en esta zona del valle, donde se registra una mayor cantidad de evidencias. En las excavaciones realizadas en Canto Chico se recuperaron objetos como láminas de cobre y una pinza de plata(5). Posteriormente, nuevos hallazgos ampliaron el repertorio a tupus, agujas y otros instrumentos metálicos.

Entre los años 1999 y 2000 se desarrolló un extenso programa de excavaciones de rescate arqueológico en el sitio de El Sauce(6), un asentamiento preincaico que debió alcanzar una extensión superior a las 25 hectáreas, con áreas destinadas a cementerios. Los múltiples hallazgos evidenciaron el uso recurrente de objetos e instrumentos metálicos. A estos se suman descubrimientos posteriores, como las tumbas halladas durante la instalación de tuberías de gas por parte de la empresa Cálidda, así como una tumba de excepcional riqueza en su ajuar funerario, recuperada por nuestro equipo en el año 2022.


Objeto de cobre y plata hallados en un contexto funerario, sitio el Sauce (Fotos Erick Cuentas,2022) 

Mención aparte merece el hallazgo de una vara de cobre, posiblemente datada en el siglo XIX, descubierta por un grupo de vecinos durante la pandemia, mientras realizaban labores de mejoramiento del camino hacia las lomas de El Mirador. Este objeto constituye un interesante testimonio de la persistencia de creencias vinculadas a la protección frente a los riesgos de la actividad minera, como una forma de culto a lo sagrado representado por la tierra y su interior.


Una vieja ofrenda al cerro San Jerónimo (Foto: J Cabello, 2000)   
       
La pieza, descrita como una especie de espada de cobre de aproximadamente 40 cm de longitud, presenta en su parte superior, a manera de empuñadura, la efigie de una mujer desnuda, de cuerpo rígido y brazos rectos a los costados. En la sección media de la vara se observa una serpiente enroscada, cuya cola conforma la punta del objeto, mientras la cabeza del ofidio parece vigilar atentamente el cuerpo femenino, reforzando su fuerte carga simbólica.


Detalles del hallazgo ocurrido cerca a mina Canto Chico (elaborado por J. Abanto)



Referencias a la presencia de minas

Los conquistadores españoles, ávidos de los metales preciosos del continente americano, dejaron abundantes descripciones sobre su extracción y procesamiento. El interés por el oro y la plata se refleja en dispersos y escuetos relatos de cronistas desde el siglo XVI hasta el siglo XVIII(7), a los que posteriormente se sumaron historiadores y naturalistas que reconocieron la utilidad y riqueza de los recursos minerales de estas tierras.

Tengo la fundada sospecha de que algunos de los socavones identificados en el área deben tener un origen prehispánico. Durante el periodo colonial, estas labores mineras habrían continuado en uso, tal como lo sugieren diversas fuentes documentales, y no es descartable que su explotación se haya prolongado hasta la primera mitad del siglo XX.

Una referencia especialmente clara sobre la presencia de minerales y minas en los cerros que conforman la quebrada de Canto Grande es proporcionada por el censo de 1839, donde se señala:

Los cerros que se han indicado siguen encadenados y bordeando los confines del distrito de San Lazaro, divididos en tres valles denominados “Piedra-Liza”, Amancaes y Asnapuquio.” En estos cerros hay sus vocas minas de plata y platina:  al pie de los que están sobre los Descalzos se encuentra una especie de Schorl de Albania, muestrase en vetas seguidas y mineralizadas con sal marina, es negro en aristas parecidas de amianto, unas veces concentricas y fijas, otras paralelas y fiables ó que se desmoronan con facilidad; habiéndose fundido resultó un barniz como morado y aparente para esmaltar loza de rogizo: en los de Amancaes y de Lurigancho también hay varios trozos de una masa blanca brillante filamentosa algo friable, pero no de la consistencia de los demás schorles que se encuentran sueltos entre piedras y algunas articuladas. En unos cerros inmediatos a la hacienda Huachipa se hallan unas piedras muy blancas que se dice ser el verdadero alumbre de pluma. (Córdova y Urrutia, 1839: 96)

Asimismo, en la publicación de Antonio Raimondi, Minerales del Perú, tomo II (1939), se describen para el distrito de Lima variados tipos de minerales, confirmando la diversidad geológica y el potencial minero históricamente reconocido en esta región.

Respecto a la presencia de oro, Raimondi vuelve a aportar un dato de especial relevancia:

…En las cercanías de Lima no faltan minas que han sido trabajadas con el objeto de sacar oro, notándose una bocamina en el cerro inmediato al de las Caleras: otra en el cerrito llamado de Las Ramas, y algunas catas detrás del cerro de Amancaes. En el Mismo cerro San Cristobal, inmediato a la ciudad, he recogido muestras que han dado al ensayo vestigios del tan codiciado metal.”  (Raimondi y Ostolaza. 2004:116,117)

Gran parte de la información de época colonial se centra en la explotación de dos metales principales: el oro y la plata, cuya importancia estuvo estrechamente ligada a los intereses económicos de la Corona. Otros metales, como el cobre, así como diversos minerales no preciosos, adquirirán mayor relevancia recién a partir de los siglos XVIII y XIX, cuando se amplían los intereses productivos y científicos sobre los recursos del territorio.

Algunas betas con presencia de cuarzo y otros minerales en laderas de cerro Morado (Foto: JHALL,2005)

Nuestros hallazgos

Algunos socavones, como los ubicados en el cerro San Jerónimo y el complejo de túneles de San Fernando, formaron parte de los recorridos habituales de grupos de muchachos. Ingresar en ellos era parte de los mitos urbanos y de los sustos propios de la exploración juvenil, en gran medida por la abundancia de murciélagos en su interior. Situados en lugares impensados de nuestros cerros, estas labores mineras han permanecido casi olvidadas, inmersas en un paisaje seco y rocoso, y en ocasiones cubiertas por el verdor estacional de los ecosistemas de lomas durante el invierno.

En el año 2005 realicé un trabajo de reconocimiento arqueológico para la Gerencia de Desarrollo Urbano de la Municipalidad de San Juan de Lurigancho. Este trabajo fue complementario a las exploraciones iniciadas en 1996 junto a mi colega Emma Izaguirre, así como a la prospección arqueológica de la zona alta de la quebrada Canto Grande, desarrollada en 2002 con el equipo de investigaciones del Instituto Cultural Ruricancho.

Este conjunto de trabajos permitió realizar un recorrido extenso por las estribaciones que rodean la quebrada. Si bien el informe estuvo centrado en el registro de sitios arqueológicos, también se llevó a cabo la identificación y documentación de diversas bocaminas, las cuales se incluyen en la presente descripción.

Para un mejor análisis, el ámbito de estudio se dividió en dos grandes sectores:

· Cadena de cerros oriental: desde el cerro Colorado hasta los cerros de Santa María, Juan Pablo, El Sauce y Campoy.

· Cadena de cerros occidental: desde el cerro Colorado, descendiendo por Cantería, Canto Grande y San Jerónimo, hasta el cerro San Cristóbal.

Por sus características, la mayoría de estas labores corresponde a socavones que siguen las vetas mineralizadas. Suelen ser estrechos y, en muchos casos, de escasa profundidad, presentándose desde una sola oquedad hasta conjuntos de varias excavaciones. Externamente, se asocian con desmontes de desecho, pequeñas estancias y muros de pirca. En el caso particular de la bocamina de Mangomarca, se registra un conducto tipo canaleta que habría permitido trasladar el material hacia un nivel inferior de la ladera, donde actualmente se ubica una ermita.

Zocavon lomas de Mangomarca (Foto:JHALL,2003)


Minas Mangomarca 1 (Foto:JHALL,2019)

Una recurrencia observada es que estas labores mineras se encuentran interconectadas por pequeños senderos, los cuales conducen a otros puntos donde también se han explorado vetas mineralizadas.


Sendero de exploración minera antigua, cerro San Jerónimo (Foto: JHALL,2020)

Resulta muy difícil identificar herramientas asociadas, debido al alto grado de alteración ocasionado por las visitas reiteradas de pobladores. Asimismo, ninguna de las bocaminas presenta construcciones de gran envergadura, lo que sugiere que su explotación habría sido de carácter temporal o estacional y de poca escala.

Respecto al origen de estos socavones, resulta complejo establecer una cronología precisa, a menos que se realicen excavaciones arqueológicas sistemáticas. Sin embargo, el crecimiento urbano acelerado y la constante alteración del terreno dificultan, en el contexto actual, la obtención de resultados concluyentes.

En el caso de Canto Chico, en las inmediaciones se identifica una explanada donde se ha registrado material alfarero de filiación prehispánica, colonial y republicana. En las minas de San Fernando, muy cerca del abra de Repartición, se localiza un asentamiento prehispánico conformado por estancias y terrazas. Por su parte, en Mangomarca 2, zona donde predomina la presencia de hematita, las labores mineras se sitúan a escasos metros del sector E del complejo arqueológico de Mangomarca, en proximidad a un área con muros y vestigios de un antiguo camino.


Bocamina Mangomarca 2 (Foto: JHALL,2009)


Durante una visita a la huaca Canto Chico, se recuperó en superficie un pequeño artefacto finamente pulido, muy similar a los martillos de roca dura y color oscuro que se conservan en la colección del Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú(8) . Este martillo, elaborado en basalto, se encuentra fracturado; no obstante, permite reconocer con claridad su forma original y su posible función.

Un segundo objeto, mejor conservado, fue entregado por pobladores asentados en una quebrada colindante al cuello de Repartición, en el área de las minas de San Fernando. La pieza presenta dos bultos esféricos y una proyección cónica a manera de punta. El tipo de roca corresponde, aparentemente, a magnetita; es notablemente pesado y presenta una fuerte atracción al imán.


Artefactos líticos para orfebrería. (Foto: JHALL,2025) 

Sin duda, ambos objetos son de origen prehispánico y permiten plantear la posible presencia de especialistas o artesanos vinculados a la producción de ornamentos y objetos metálicos en esta zona del distrito. Estudios más detallados de estos materiales —tanto tecnológicos como de procedencia— podrían contribuir a determinar si su origen fue local o si, por el contrario, formaron parte de redes de intercambio de mayor alcance.


Mapa de concesiones mineras en Lima, así como la ubicación de minas antiguas en quebrada Canto Grande
(Elaborado por: J. Abanto,2025)


Comentario final

Las evidencias arqueológicas muestran que, durante el auge del curacazgo de Lurigancho, el uso de metales para la elaboración de ornamentos y herramientas fue una práctica común, especialmente durante los periodos tardíos. Asimismo, algunos minerales, como la hematita, fueron empleados como pigmentos. Con la llegada del periodo colonial, el interés por la explotación de oro y plata se intensificó, reactivando o ampliando el uso de determinados yacimientos.

La actividad minera desarrollada en el área presenta, en términos generales, una serie de características distintivas. Se trata de una actividad extractiva simple, orientada a la obtención de minerales que posteriormente eran trabajados por artesanos locales. Durante el periodo incaico, las labores mineras pudieron formar parte de los sistemas de tributación al Estado, en los cuales la metalurgia y la orfebrería estuvieron a cargo de grupos humanos especializados.

En época colonial, la minería mantuvo en la costa un carácter fundamentalmente artesanal. La economía estuvo centrada principalmente en la actividad agrícola desarrollada por las haciendas, a lo que se sumó la significativa disminución de la población nativa, factor que contribuyó al abandono de actividades consideradas de importancia secundaria. En este sentido, resulta pertinente la observación de Bonilla:

“…Por razones hasta ahora poco conocidas, la población nativa durante casi toda la Colonia estuvo básicamente concentrada en la serranía de los Andes. Fue en esta área donde instituciones como la encomienda y la mita pudieron funcionar con cierta eficacia…” (Bonilla, 1974: 19)

A las evidencias presentadas debe añadirse la relevancia de una minería no metálica, también significativa en el ámbito local. Destaca el hallazgo de canteras de roca en las quebradas de Mangomarca y El Sauce, donde se explotó granodiorita para la elaboración de ruedas de molinos de grano, actividad que puede atribuirse con bastante certeza al periodo colonial. Antonio Raimondi (1902) recorrió esta zona y recolectó muestras que le permitieron destacar las propiedades de diversas formaciones rocosas y su utilidad tanto en la construcción como en elementos ornamentales.

Labores de cantería colonial en Lomas Mangomarca (Foto: JHALL,2005)
Desde mediados del siglo XX, la explotación de materiales detríticos destinados a la construcción se desarrolló en distintos puntos próximos a quebradas y laderas. Estas áreas, conocidas como areneras, al ser abandonadas, se transformaron posteriormente en rellenos sanitarios, situación documentada en sectores como la quebrada Vizcachera, Campoy, Villa Mangomarca, El Sauce, Juan Pablo, San Fernando, 15 de Enero y Las Flores, entre otros.

Arenera en quebrada Vizcachera, entre Campoy y Huachipa (tomado de Ravines,1985)

Asimismo, la explotación de mantos arcillosos para la fabricación de ladrillos constituyó una actividad altamente rentable para haciendas como Flores, Azcárrunz y el fundo Potrero Tenorio, donde existieron diversos hornos ladrilleros. La ribera del río Rímac también fue utilizada para la extracción de cantos rodados, actividad que, al igual que la operación de chancadoras, aún se mantiene en concesiones ubicadas en la quebrada Media Luna, en el Anexo 22 de Jicamarca.

Adoberos en los terrenos de la hacienda Flores, década de 1970 (Archivo IC-Ruriucancho)


Notas:

1. https://www.gob.pe/institucion/minem/noticias/1233857-la-mineria-se-consolida-como-la-principal-fuente-de-generacion-de-divisas-exportaciones-totales-sumaron-us-21-684-millones

2.         Los datos fueron dados conocer el 2008: https://www.pnas.org/doi/epdf/10.1073/pnas.0710937105

3.         Este lugar se situaba en los terrenos donde funciona el actual Mall de San Juan de Lurigancho.

4.         Caycho, realiza excavaciones en el sector principal donde encuentra con contexto funerario acompañado de una vasija y olla estilo Intermedio Tardío. (2015:279)

5.         Ravines (2003:288), los trabajos se realizaron en 1999.

6.        Martin Córdova estuvo a cargo de las excavaciones y donde se descubre un gran número de fardos funerarios (2005:209)

7.        Una interesante publicación del boletín de Lima, que compila diversas notas respecto al sistema de explotación y laboreo de metales (Ravines, 1988:45)

8.        Puede revisar la publicación de Paloma Carcedo (1998:248-Foto 5)


Referencias bibliográficas

Bonilla. Heraclio (1974) El minero de los Andes. Instituto de Estudios Peruanos.

Carcedo de M., Paloma (1998) Instrumentos líticos y de metal utilizados en la manufactura de piezas metálicas conservadas en los museos. Boletín de Museo de Oro. 44-45: 240-270

Caycho., Pedro (2015) Ocupaciones tardías en Mangomarca y Mateo Salado, valle del Rímac: Un estudio comparativo. Tesis para optar el título de Licencia en Arqueología. Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Lima

Córdova H., Martín (2005) El Sauce un cementerio del Horizonte Tardío en San Juan de Lurigancho, Lima. Corrientes Arqueológicas. Universidad Federico Villarreal. 1:199 –221.

Córdova y Urrutia, J.M. (1839). Estadística histórica, geográfica, industrial y comercial de los pueblos que componen las provincias del departamento de Lima. Imprenta de Instrucción Primaria por Félix Moreno.

Poloni S., Jacques (1987)   San Juan de Lurigancho: su Historia y su gente, un distrito popular de Lima. Centro de Estudios y Publicaciones.

Raimondi, A. (1878) Minerales del Perú ó catálogo razonado de una colección que representa los principales tipos minerales de la República con muestras de huano y restos de aves que lo han producido. Lima: Imprenta del Estado

(1936) Minas de oro del Perú. Lima. Publicado por Escuela de Ingeniero.

(1902) El Perú. Volumen IV. Libreria e imprenta Gil.

Raimondi, A., Villacorta O., V. O. (2004). Oro del Perú. Fondo Editorial Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Ravines S., Rogger (1985) Inventario de Monumentos Arqueológicos del Perú: Lima Metropolitana. Lima. Instituto Nacional de Cultura y Municipalidad de Lima Metropolitana.

(1988) “La minería en el Perú: Noticia histórica” Boletín de Lima. 57:45-60.

(2003) “Canto Chico. Asentamiento prehispánico del valle del Rímac”. Boletín de Lima. 119-122: 93-290. 

sábado, 10 de mayo de 2025

LAS CRUCES HISTORICAS EN SAN JUAN DE LURIGANCHO

 Lic. Julio Abanto Llaque

 

De niño contemplaba desde la azotea de mi casa esas lejanas cruces situadas en la cumbre de los cerros que rodean mi barrio. Me parecían casi inalcanzables, pero de alguna forma llegué hasta ellas, y entonces, mi mundo cambió.

Procesión de la cruz del Pueblito de Lurigancho (Archivo ICR)

Eran cruces hermosas, más elaboradas y misteriosas que aquellas suspendidas en las parroquias o en las paredes de las casas. Pintadas de verde, adornadas con mantos bordados, llenas de detalles y con un rostro de Cristo enmarcado, me resultaban fascinantes. Sus símbolos desataban mi imaginación. Intentaba descifrarlos como quien encuentra un antiguo jeroglífico: ¿qué historia cuentan?, ¿qué significado tienen el sol, la luna, el gallo, la calavera, los dados?, ¿quién colocó esta cruz aquí?, ¿por qué tan alto?

Cruz de La Providencia (Foto: JALL: 1999)

Cruz situado en la cumbre de cerro Observatorio (JALL, 1997)

Otra impresión inolvidable fue la vista: un mundo nuevo que antes solo conocía desde el suelo. La primera cruz que visité me permitió contemplar toda la zona de Las Flores, y desde allí, observar otra cadena de cerros que deseaba explorar. Desde otra cruz, conocí La Providencia, 15 de Enero y Canto Chico. Pero fue en la cima del cerro Observatorio, donde encontré una cruz más sencilla, casi olvidada, que tuve la revelación más profunda: desde allí vi el mar y la imponente isla San Lorenzo. Entonces, conocí el océano.

Conforme fui creciendo, recorrí otros cerros y fui comprendiendo el simbolismo de estas cruces, sobre todo en una costa que comenzaba un proceso de andinización. Al salir del colegio, aprendí a elaborar hermosas cruces con el maestro Abilio Soto Yupanqui, en su sorprendente taller en el barrio San Pedro, cerca del penal del mismo nombre. En 2013, antes de dejar la administración del parque zonal Huiracocha, construí con mis trabajadores una cruz que espero aún esté allí, formando parte del recorrido nocturno que ideamos.

La cruz del parque Huiracocha (Diario Correo, 2014)

Sin duda, la cruz más hermosa de nuestro distrito fue elaborada por el hijo del gran retablista ayacuchano Florentino Jiménez Toma, quien se asentó en nuestro distrito invitado por Gertrudis Braunsberger, incansable promotora del arte popular andino. Esta cruz, una pieza exquisita, formaba parte de la colección del centro cultural del parque.

Sala de Exposición Florentino Jiménez, Crea Lima  (SERPAR, 2012)

Hace unas semanas, me propusieron diseñar una ruta turística para conocer las cruces emblemáticas de nuestro distrito. Entonces, mi mente empezó a recorrer no solo la historia, sino también la memoria colectiva. La cruz ha sobrevivido a múltiples procesos y se ha convertido en el símbolo más unificador que conozco. En esta parte de la historia, la cruz que llegó con los conquistadores ha sido adoptada y resignificada por el hombre andino, que ha sabido disfrazar sus dioses tutelares y la milenaria chakana en este símbolo. Hoy la cruz es también herramienta de conquista y reclamo de nuevos espacios.

Quiero citar a José González, autor del libro El Huanca y la Cruz (1989:77):

“...Los advenedizos saben que los antiguos no pueden rechazar su cruz porque también para ellos es símbolo familiar y venerado. Entonces lo que la procesión propone es la explicación de un argumento irrebatible: Cruz y pueblo forman una misma cosa; si se acepta la cruz, se acepta al pueblo…”

Cada comunidad en nuestro distrito venera una cruz o un santo. Son elementos de integración barrial y expresión de fe. Las he visto en parques, calles, cerritos, grutas, hechas de fierro, madera o pintadas sobre rocas. Cada una guarda esperanzas e historias donde la fe, la justicia y el anhelo de un porvenir mejor se entrelazan.

Un grupo de colegas al costado de la cruz de cerro Gallo, en Campoy (1994)

Mayo es el mes de la cruz, aquí y en muchos países de América Latina y del viejo continente. Sus celebraciones tienen raíces prehispánicas, sin lugar a dudas. Con el cristianismo, las costumbres ancestrales encontraron en la cruz un símbolo perfecto: los antiguos ya la veían en el cielo. El sincretismo permitió la fusión de ambas creencias, y el resultado fue una devoción absoluta, basada en la reciprocidad entre el ser humano y la creación. 

Una sutil chakana, en un textil ruricancho (JALL,2015)

La Ruta de las Cruces

• Cruz de San Cristóbal

Situada en la cima del cerro del mismo nombre, es la imagen más reconocida de las noches limeñas. Según narra Andrés Herrera (2000), tras el asedio indígena liderado por Quiso Yupanqui, Pizarro subió al cerro y mandó colocar una nueva cruz de madera y una capilla. La actual cruz, de concreto y con potentes focos, fue construida por el presidente Augusto B. Leguía.

Diseño de Oscar Zagazeta, la moderna cruz del cerro San Cristóbal

• Las Cruces Gemelas de Lurigancho

El pueblito de Lurigancho, fundado como reducción indígena en 1570, posee una capilla con una cruz de madera en su frontis. Muy cerca, por un antiguo camino, se encuentra un segundo madero. Ambas cruces participan en las celebraciones de mayo y en las festividades de San Juan Bautista.

Cruces del pueblito de Lurigancho (JALL, 1998)

• Cruz de San Pablo de Mangomarca

Originalmente ubicada sobre una roca en un cementerio de lomeros en Jicamarca, fue rescatada por extrabajadores de la hacienda Zárate cuando la urbanización creció. Hoy se encuentra junto a la huaca Mangomarca, en el asentamiento humano San Pablo y sigue siendo venerada por los vecinos.

Hermosa cruz, originalmente situada en el viejo cementerio de lomeros en Mangomarca (JALL,2010)

• Cruz Mayor de El Sauce

El cementerio de El Sauce tiene orígenes preincaicos. Según Poloni (1987), fue creado por los pastores de Jicamarca. La cruz, inicialmente en un promontorio al pie del cerro Lurigancho, fue trasladada a los pabellones del cementerio y actualmente se encuentra en el velatorio, recibiendo oraciones y ofrendas.

Venerada cruz de El Sauce, en su ubicación original (JALL,1996)

La cruz de El Sauce en su nuevo espacio (JALL,2018)

• Cruz de la Hacienda Flores

La antigua hacienda Flores, una de las más importantes del valle, poseía una capilla y una cruz colocada en un cerro cercano. Al ser vendida la propiedad, la campana fue donada a la parroquia San Marcos y la cruz fue llevada cerca del parque Las Totoritas, donde aún es cuidada y venerada.

Celebración a la cruz en la hacienda Flores, 1970 (Archivo ICR) 

Cruz de la hacienda Flores, en las Tototitas (JALL,2019)

• Cruz “No Matarás”

Instalada en los años 80, a la altura del paradero 20 de la Av. Próceres, recuerda un trágico episodio: la fuga de reclusos del penal San Pedro, quienes tomaron rehenes. La intervención policial terminó con la vida de varias personas, entre ellas la hermana Juanita Sawyer. La cruz se convirtió en símbolo de paz y memoria, y fue reubicada en un parque cercano, junto a un monolito que honra a las víctimas del conflicto interno.

 
Pintura del artista Reynado Ari Apaza, posiblemente de inicios de 1990.

Captura del documental "Caminos de Liberación"

Ubicación actual de la cruz en el parque No Mataras (JALL 2008)

Ubicación de las cruces presentes en esta nota. (Google maps,2025)


Referencias:

·         Gonzales, José Luis (1989) El Huanca y La Cruz, creatividad y autonomía en la religión popular. Idea, tarea, Lima.

·         Herrera, Andrés (2000) El Cerro San Cristóbal, silencioso testigo de nuestra historia. Editora Novecientos Seis. Lima

·         Poloni, Jacques (1987) San Juan de Lurigancho: su historia y su gente: un distrito popular de Lima. Centro de Estudios y publicaciones. Lima.

Videos relacionados:

Las antiguas cruces de San Juan de Lurigancho https://www.youtube.com/watch?v=37tJyIEOELo

Caminos de Liberación: https://www.youtube.com/watch?v=TPQGFSBGYQo&t=29s