sábado, 30 de mayo de 2026

Paisaje arqueológico y cartografía histórica de la Hacienda Zárate y Mangomarca (1961)

 Julio Abanto LL. y David Reyes Muñoz


Hace algunos años, una dirigente de una asociación de Mangomarca me invitó a su domicilio para revisar una serie de documentos relacionados con la antigua hacienda Zárate. En aquel momento, un nuevo intento de invasión en la zona de lomas hacía urgente reunir argumentos sólidos para defender este espacio y lograr finalmente el desalojo de los ocupantes ilegales.

Entre numerosos papeles, copias y antiguos expedientes vinculados a la ex hacienda, me entregó un plano correspondiente, únicamente, al sector de Mangomarca, además de documentación donde diversos propietarios definían la pertenencia de varios sectores de una de las haciendas más extensas e importantes de nuestro distrito.

Desde entonces quedó en mí la duda sobre el origen de aquel plano. Hace poco publiqué una breve nota sobre la cartografía de esta parte del antiguo valle de Lurigancho y, al verla, mi entrañable amigo David Reyes —coautor del presente trabajo— me comentó:

“Vi tu publicación y reconocí la sección del plano correspondiente a Mangomarca. Yo tengo en mi poder la otra parte; me la hizo llegar un colaborador del grupo de Facebook El pasado de San Juan de Lurigancho”.

Gracias a ello fue posible reconstruir el plano de manera íntegra. El documento revela detalles de enorme valor histórico, pues permite reconstruir el paisaje rural y arqueológico previo al proceso de urbanización acelerada que transformó esta parte de Lima durante el siglo XX.

Imagen 1: Vista integra del plano correspondiente a la hacienda Zárate y Mangomarca, 1961

Imagen 1: Vista integra del plano correspondiente a la hacienda Zárate y Mangomarca, 1961


Entre sus elementos más relevantes destaca la identificación explícita de montículos arqueológicos, caminos y sectores agrícolas, así como el registro del nombre con el que era conocido un antiguo centro ceremonial hoy desaparecido. Estos datos constituyen evidencias fundamentales para comprender la configuración histórica del territorio y la memoria arqueológica de Mangomarca y de toda la quebrada de Canto Grande.

A continuación, David Reyes nos brinda mayores detalles sobre la procedencia del hallazgo, luego hablaremos de sus características y haremos un análisis sobre su relevante información.


Origen del plano

El 9 de abril del presente año (2026), uno de los integrantes del grupo de Facebook El Pasado de San Juan de Lurigancho me compartió, en formato digital, un antiguo y valioso material cartográfico. Se trataba de un plano de la antigua hacienda Zárate y del fundo Mangomarca, fechado en 1961.

Sin duda, el documento despertó inmediatamente mi interés. Lo primero que hice al abrir digitalmente el preciado plano fue recorrerlo visualmente, como en una vista de vuelo de pájaro, buscando los sitios arqueológicos conocidos y mencionados en la literatura especializada. De este modo pude reconocer la huaca Mangomarca, el Potrero Tenorio y La Era, además de los antiguos montículos efigie de Zárate y el desaparecido Templo en U. Asimismo, fue posible identificar el trazo del antiguo Camino Real de Lurigancho, que atravesaba aquel extenso territorio agrícola, así como la antigua casa-hacienda edificada sobre el montículo arqueológico del Potrero Tenorio.

El interés por identificar con mayor precisión cada uno de estos espacios me llevó a revisar detenidamente los signos convencionales y la leyenda del plano, hecho que permitió corroborar satisfactoriamente gran parte de las observaciones iniciales.

Uno de los aspectos más relevantes del documento es que registra las medidas de las chacras o parcelas agrícolas de la hacienda, incluyendo también las dimensiones en metros cuadrados de varios monumentos arqueológicos. Gracias a esta información fue posible conocer, con notable precisión, la extensión de la plaza central del desaparecido templo en U del valle, conocido antiguamente como “La Huaquilla”, así como las dimensiones de los montículos Lima correspondientes al Potrero Tenorio y La Era.

No cabe duda de que este singular plano constituye una fuente documental de enorme valor para la reconstrucción del antiguo paisaje rural y arqueológico de San Juan de Lurigancho. La información que contiene resulta especialmente provechosa y reveladora, razón por la cual iremos desarrollando y analizando sus diversos elementos a lo largo del presente trabajo.


Análisis y detalles del levantamiento cartográfico

El principal inconveniente para realizar una evaluación más precisa del plano es que actualmente no contamos con el soporte original del documento. Sin embargo, la copia digital conservada posee una resolución adecuada y mantiene el color real, lo que permite reconocer diversas anotaciones y detalles incorporados posteriormente al levantamiento inicial.

Por las características del material y la época en que fue elaborado, no cabe duda de que el plano original debió realizarse sobre papel vegetal o albanene. No obstante, el tono amarillento del soporte y la coloración azulada de los trazos y letras indican, claramente, que la copia conservada corresponde a un ejemplar ozalid, sistema de reproducción ampliamente utilizado en trabajos técnicos y de ingeniería durante la década de 1960.

El documento lleva por título en el membrete: “Plano de la Hacienda Zárate y Mangomarca”. Presenta una escala de 1:4000; sin embargo, carece de escala gráfica y de grillado cartográfico, elementos que habrían permitido identificar con mayor precisión las coordenadas geográficas y la geolocalización exacta del levantamiento, en el cual, además, figura la orientación correspondiente al norte magnético. El autor del plano es el ingeniero Mario Mejía R.

Además de representar los límites y colindancias con las haciendas circundantes, el plano no brinda mayores detalles sobre curvas de nivel o cotas altitudinales que permitan conocer la elevación del terreno en todo el espacio representado. A pesar de ello, en algunos vértices del lindero se consignan puntos de triangulación del Servicio Geográfico, entre ellos “La Basilia” y “Zárate”, elementos técnicos que evidencian el carácter especializado del levantamiento.

Por la certificación emitida por la Dirección de Aguas de Regadío, el documento corresponde al año 1961.

La información contenida en el plano resulta sumamente valiosa, no solo por la presencia de una detallada leyenda que facilita la interpretación cartográfica, sino también por el registro de parcelaciones agrícolas con su respectiva toponimia, además de diversos componentes paisajísticos, tales como caminos, huacas, canales de regadío, tipos de uso del suelo y características del terreno.

Imagen 2: Cuadros técnicos y leyenda que acompaña la información gráfica del plano

Finalmente, el documento presenta varios cuadros técnicos que pueden clasificarse de la siguiente manera:

A) Compensación de áreas según encauzamiento del río

Este cuadro resulta particularmente interesante porque representa el proyecto de encauzamiento del río y las modificaciones territoriales derivadas de dicha intervención. El plano diferencia las áreas perdidas y las áreas ganadas como consecuencia del nuevo curso fluvial, siendo mayor la superficie incorporada que la afectada. Asimismo, se registra la implementación de defensas ribereñas destinadas a proteger los terrenos agrícolas.

B) Cuadro técnico de áreas parciales

Este cuadro proporciona información general sobre la distribución del territorio, detallando áreas cultivadas, terrenos sin cultivo, espacios eriazos, caminos y otros componentes del paisaje rural. La sumatoria total alcanza una extensión de 663 hectáreas con 2965 m².

C) Cuadros técnicos parciales

Aunque presentan un título similar al cuadro anterior, estos registros detallan específicamente los componentes correspondientes a la Hacienda Zárate, el Fundo Mangomarca y el lote Tenorio, permitiendo reconocer las dimensiones y características particulares de cada unidad territorial.

 

Evidencias arqueológicas cartografiadas

Como ya se ha mencionado, el ingeniero Mejía, autor del plano, consignó en su levantamiento diversos sitios arqueológicos emplazados dentro del territorio de la antigua hacienda Zárate. Algunos de estos monumentos desaparecieron con el transcurso del tiempo, principalmente debido a factores antrópicos. Entre ellos destacan el antiguo templo en U, las huacas del Potrero Tenorio y La Era, así como los llamados “montículos efigie” de Zárate. El complejo arqueológico de Mangomarca también aparece registrado en el plano, siendo el único monumento prehispánico que aún se conserva en la actualidad.

Con respecto al templo en U, su existencia fue advertida por Abanto y Eyzaguirre (1996) gracias al análisis de una fotografía aérea correspondiente al año 1944. Dichos autores denominaron al monumento como el “Templo en U de Azcarrunz”.

La huaca estaba conformada por tres cuerpos volumétricos principales. Su morfología arquitectónica se componía de un cuerpo central o pirámide mayor —que constituía el núcleo del conjunto— y dos montículos o plataformas alargadas laterales, conocidas como “brazos”, los cuales configuraban una planta en forma de herradura que encerraba una plaza abierta orientada hacia el lado este.

Este tipo de edificaciones, orientadas generalmente hacia el noreste, corresponde al Periodo Formativo (1800–200 a. C.) y representa una de las expresiones ceremoniales más tempranas de organización compleja en los Andes Centrales. Gracias a la información consignada en el plano, sabemos que la plaza principal del monumento tenía un área aproximada de 17 250 m², mientras que el brazo derecho alcanzaba los 12 500 m².

Por sus características arquitectónicas, el edificio se asocia claramente a la tradición de los templos en U descrita por Williams (1981), vinculada al desarrollo de importantes centros ceremoniales en la costa central peruana.

Imagen 3: Recreación con IA del templo en U de Azcarrunz (La Huaquilla), teniendo como base la reconstrucción isométrica que realiza Abanto (2009:167)

Otro aspecto particularmente interesante es la información toponímica registrada en la cartografía. La parcela donde se emplazaba el monumento aparece identificada con el nombre de “La Huaquilla”, hecho que permite suponer que los antiguos pobladores y trabajadores de la hacienda conocían de esta manera al sitio arqueológico.

En una fotografía aérea del SAN correspondiente al año 1958 se observa una construcción rudimentaria y contemporánea emplazada entre el cuerpo central y uno de los brazos de la huaca. Sin embargo, en otra imagen aérea del SAN de 1944 dicha estructura aún no existía, lo que permite inferir que para mediados del siglo XX ya se había iniciado el proceso de ocupación y destrucción progresiva del conjunto piramidal.

En la actualidad el edificio ha desaparecido completamente. Su destrucción fue paulatina y estuvo relacionada, en un primer momento, con la ampliación de áreas agrícolas y la necesidad de nuevos terrenos de cultivo. Posteriormente, la instalación de ladrilleras en la zona aceleró el proceso de depredación, provocando finalmente la desaparición irreversible de este importante centro ceremonial prehispánico.

Imagen 4. Composición (plano-foto) en donde se observa el templo en U (la Huaquilla). La fotografía (SAN, 1958) muestra, prácticamente, el mismo panorama en un tiempo contemporáneo al del plano.


Otro de los vestigios arqueológicos consignados en el plano corresponde al denominado Potrero Tenorio, sitio que tomó el nombre de la parcela agrícola donde se emplazaba. De acuerdo con las investigaciones de Palacios y Guerrero (1992), el lugar estaba conformado por varios montículos arqueológicos y presentó contextos funerarios singulares asociados a diversas ofrendas, entre las que destacan vasijas cerámicas y dos figurinas correspondientes al estilo Nievería.

Según la cartografía analizada, el Potrero Tenorio ocupaba una extensión aproximada de 67 690 m². El denominado Montículo A, construido con pequeños adobes modelados a mano, estaba vinculado a la tradición cultural Lima. Presentaba planta cuadrangular y se encontraba conformado por dos plataformas superpuestas, alcanzando aproximadamente tres metros de altura.

Sobre el lado oeste de este montículo artificial —cuya extensión alcanzaba los 12 400 m²— fue edificada posteriormente la casa-hacienda de Zárate, alterando considerablemente la configuración original del sitio arqueológico.

Hacia el lado noreste del Montículo A, en la parcela agrícola denominada “La Era”, se ubicaba otro montículo arqueológico de características semejantes, identificado como el “Montículo Mayor”, cuya extensión alcanzaba los 4 450 m².

En diversos perfiles y cortes expuestos en el terreno donde se emplazaba este monumento se recuperaron materiales cerámicos asociados al estilo Maranga, correspondiente a la cultura Lima, particularmente de las fases 7 y 9. Asimismo, en la fotografía aérea del SAN de 1944 se observan sobre la cima del montículo algunos muros, posiblemente elaborados en tapial. No obstante, hasta el momento se desconoce si dichas estructuras fueron construidas durante época prehispánica o si corresponden a ocupaciones posteriores de época colonial o republicana.

Lamentablemente, estos sitios arqueológicos fueron destruidos durante la década de 1960 debido a la instalación de adoberas en la zona y al posterior proceso de urbanización que transformó radicalmente aquel antiguo paisaje agrícola y monumental.

Imagen 5. Composición (plano-foto) en donde se ve la parcela agrícola denominada Potrero Tenorio. La cartografía muestra los montículos arqueológicos. La fotografía (SAN, 1944) muestra el mismo lugar.

El plano también registra una serie de antiguos montículos ubicados en la zona baja de la hacienda Zárate, hacia el lado sur del antiguo Camino Real de Lurigancho. Estos vestigios, denominados “montículos efigie de Zárate” (Abanto, 2008), estaban constituidos por un conjunto de elevaciones de baja altura, de formas y tamaños irregulares, entre las que destacaban algunas estructuras de planta alargada.

Imagen 6: La IA nos da una idea de cómo debieron lucir los montículos efigie entre los campos de cultivo, algunos eran bastante largos de más de 200 mts y orientados paralelos al curso del río.


Según se observa en la cartografía, estos montículos se encontraban dispersos en diversas parcelas agrícolas, entre ellas Uña de Gato, La Gangosa y Potreros 1 y 2, entre otras. Las estructuras estaban construidas a base de cantos rodados unidos con barro y, por sus características morfológicas y contextuales, se presume que tuvieron una función funeraria.

Registros semejantes de este tipo de montículos han sido identificados también en las inmediaciones de la antigua hacienda de Comas, en el sector de La Atarjea, en El Agustino, así como en la desembocadura del río Chillón, en la zona de Márquez. Lamentablemente, todos estos vestigios fueron arrasados debido a diversos factores antrópicos asociados a la expansión urbana de Lima Metropolitana.

En el caso de los montículos efigie de Zárate, estos fueron destruidos como consecuencia del proceso de urbanización de la hacienda Zárate iniciado a comienzos de la década de 1960. En la actualidad no subsiste ningún rastro superficial visible de estas antiguas estructuras arqueológicas.

Imagen 7: Composición (plano-foto). En la fotografía como en el plano se visualizan los diversos montículos ubicados en el piso de valle, cerca a la vera del río Rímac. 


El documento también registra el sitio arqueológico de Mangomarca, representado en tres sectores claramente identificables: hacia el sur, la gran pirámide escalonada o santuario; al centro, el denominado canchón o corralón; y, más alejada hacia el noreste, la pirámide de plataformas escalonadas correspondiente al actual sector C del complejo arqueológico.

Sin embargo, hacia el norte de esta última estructura se observa un pequeño montículo emplazado fuera de las parcelas agrícolas, el cual correspondería al actual sector A de Mangomarca. Esta misma configuración espacial puede apreciarse en la fotografía aérea del SAN de 1958, donde aún se distingue el conjunto arqueológico rodeado por áreas de cultivo.

Imagen 8: Recreación digital (IA) del complejo arqueológico de Mangomarca.


Para entonces, el sitio ya enfrentaba un acelerado proceso de destrucción debido al avance progresivo de los campos agrícolas sobre el denominado fundo Mangomarca. Sobre este hecho existe un importante testimonio registrado en un informe de una comisión del Senado de la República (1953:27), la cual intervino para impedir la destrucción del conjunto mediante maquinaria pesada:

En uno y otro sector, los monumentos están rodeados por fundos agrícolas, que han penetrado con sus cultivos en las áreas arqueológicas…. «Mangomarca» con la hacienda «Zárate»; en estas ruinas, en el momento que la Comisión realizaba su visita, presenció el trabajo de un «caterpillar», terraplanando un espacio del cual se han demolido muros y paredes de las construcciones de la ciudad arqueológica, quedando a la vista en la tierra removida abundante material de cerámica rota y también se constató en estas mismas ruinas la utilización de canales para el riego de los terrenos ganados, causando humedad destructora para el resto de los edificios arqueológicos que aún quedan en pie”.

A pesar de que posteriormente toda esta área geográfica fue urbanizada, parte importante de los vestigios arqueológicos logró conservarse. No obstante, el monumento quedó prácticamente encerrado y rodeado por viviendas, calles y pistas, situación que alteró profundamente su paisaje original y su relación con el entorno natural y agrícola que lo caracterizó durante siglos.

Actualmente, Mangomarca constituye uno de los principales monumentos prehispánicos conservados en San Juan de Lurigancho y cuenta con reconocimiento oficial como Patrimonio Cultural de la Nación.

Imagen 9:  Composición (plano-foto). De todos los sitios destruidos a causa de diversos factores Mangomarca es el único sitio arqueológico que se conserva actualmente. La foto aérea (SAN, 1958) muestra el sitio arqueológico segmentado, al igual que se observa en la cartografía.


Finalmente, uno de los aspectos más valiosos consignados en el plano corresponde al sistema de red hidráulica de la quebrada, infraestructura que constituyó una verdadera obra monumental de ingeniería agrícola y que permitió ampliar considerablemente las áreas de cultivo en el valle.

Se registra el trazado de canales, acequias y ramales de distribución de agua, evidenciando la complejidad del sistema de irrigación que abastecía a las diversas parcelas agrícolas de la hacienda. Asimismo, el plano identifica con precisión la ubicación de la toma principal, es decir, el punto donde se realizaba el desvío de las aguas del río hacia la red de regadío destinada al aprovechamiento agrícola del territorio.

Este sistema hidráulico no solo permitió la expansión de las tierras cultivables dentro de la quebrada, sino que además refleja el largo proceso de transformación del paisaje y el conocimiento técnico acumulado para el manejo eficiente del recurso hídrico en un espacio caracterizado por la aridez de la costa central peruana.

La presencia de esta red de irrigación evidencia también la estrecha relación existente entre el paisaje agrícola y los asentamientos humanos que ocuparon históricamente la zona, configurando un territorio donde coexistieron actividades productivas, caminos, haciendas y monumentos arqueológicos articulados por el control y distribución del agua.

Imagen 10: Grupo de vasijas estilo Nevería procedentes de los entierros hallados en Potrero Tenorio (Guerrero y Palacios, 1992:25)


Comentarios finales

El plano de la Hacienda Zárate y fundo Mangomarca de 1961 constituye un documento excepcional para comprender la transformación histórica del paisaje en la parte baja de la quebrada de Canto Grande y el antiguo valle de Lurigancho. Más allá de su valor técnico y agrícola, la cartografía preserva información fundamental sobre un territorio profundamente alterado por el crecimiento urbano de Lima Metropolitana durante la segunda mitad del siglo XX.

La importancia de este documento radica en que registra elementos actualmente desaparecidos o severamente modificados, permitiendo reconstruir la relación entre el paisaje rural, la infraestructura hidráulica y los monumentos arqueológicos que coexistieron en este sector del valle. En ese sentido, el plano no solo posee valor cartográfico, sino también memoria histórica y patrimonial.

Resulta especialmente significativo que diversos sitios arqueológicos consignados en la cartografía hayan desaparecido pocos años después de realizado el levantamiento. Esta situación evidencia la velocidad y magnitud del proceso de destrucción del patrimonio arqueológico en San Juan de Lurigancho, fenómeno asociado inicialmente a la expansión agrícola, las adoberas y posteriormente al acelerado crecimiento urbano.

Asimismo, la información toponímica y las referencias a parcelas agrícolas aportan valiosos indicios sobre la manera en que los antiguos pobladores y trabajadores de la hacienda identificaban el territorio y convivían cotidianamente con estructuras prehispánicas que, pese a su deterioro, aún formaban parte del paisaje local.

Finalmente, este trabajo demuestra la enorme utilidad de la cartografía histórica y de las fotografías aéreas como herramientas complementarias para la investigación arqueológica y la reconstrucción de paisajes desaparecidos, especialmente en zonas urbanizadas donde las evidencias materiales han sido destruidas o alteradas irreversiblemente.

 

Conclusiones

  1. El plano de la Hacienda Zárate y fundo Mangomarca de 1961 constituye una fuente documental de extraordinario valor para el estudio del antiguo paisaje rural y arqueológico de San Juan de Lurigancho.
  2. La cartografía permite identificar diversos monumentos arqueológicos hoy desaparecidos, entre ellos el templo en U de Azcarrunz o “La Huaquilla”, los montículos del Potrero Tenorio, La Era y los denominados montículos efigie de Zárate.
  3. El documento aporta información inédita sobre dimensiones, ubicación y distribución espacial de varios sitios arqueológicos, permitiendo complementar y contrastar los datos obtenidos mediante fotografías aéreas y trabajos de campo previos.
  4. La presencia de topónimos tradicionales asociados a parcelas agrícolas y monumentos arqueológicos evidencia la permanencia de una memoria territorial vinculada al paisaje prehispánico dentro de la antigua hacienda.
  5. El sistema hidráulico registrado en el plano demuestra la complejidad de la infraestructura agrícola que articulaba el valle y pone en evidencia la importancia del manejo del agua en la configuración histórica del territorio.
  6. El análisis cartográfico confirma que gran parte de los monumentos arqueológicos de la zona fueron destruidos durante las décadas de 1950 y 1960 a causa de la expansión agrícola, las actividades extractivas de adoberas y el posterior proceso de urbanización.
  7. La conservación, estudio y difusión de este tipo de documentos históricos resulta fundamental para reconstruir paisajes desaparecidos y fortalecer la memoria histórica y patrimonial de San Juan de Lurigancho.

 

Bibliografía:

Abanto, J. (2008) “Petrogifos, Geoglifos y Pictografias en Quebrada Canto Grande”, Arkinka. 12(152), 92-97.

(2009). Evidencias arqueológicas del Periodo Formativo en la quebrada de Canto Grande, valle bajo del Rímac. Boletín de Arqueología PUCP, (13), 159–185.

Abanto, J., & Eyzaguirre, E. (1996). Prospección en la quebrada de Canto Grande, distrito de San Juan de Lurigancho. Informe de investigación científica [Monografía]. Escuela Académico Profesional de Arqueología, Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Chamorro, A., & Abanto, J. (2005). Arquitectura y alfarería temprana en la quebrada de Canto Grande, valle del Rímac. Supay, 6(5), 49–84. Universidad Nacional Federico Villarreal.

Comisión de Investigación del Estado de los Monumentos Arqueológicos. (1953). Los monumentos arqueológicos del Perú: El Senado de la República interviene en su defensa y conservación. Lima.

Palacios, J., & Guerrero, C. (1993). Potrero Tenorio: Un enterramiento ritual de ofrendas del estilo Nievería en el valle del Rímac. Revista Pachacamac, 1(1), 75–100. Museo de la Nación.

Poloni, J. (1987). San Juan de Lurigancho: Su historia y su gente, un distrito popular de Lima. Centro de Estudios y Publicaciones.

Williams, C. (1981). Arquitectura y urbanismo en el antiguo Perú. En Historia del Perú (3.ª ed., Vol. 8, pp. 367–595). Editorial Juan Mejía Baca.


jueves, 23 de abril de 2026

De hacienda a ciudad: cartografía histórica de Zárate y Mangomarca (San Juan de Lurigancho)

Lic. Julio Abanto Ll. 

En el intento de brindar información sobre algunas localidades situadas al interior del distrito de San Juan de Lurigancho, destaca una urbanización asentada al pie de la margen derecha del río, cuyo nombre ha perdurado en el tiempo: Zárate. 

Se trata de una especie de ensenada, históricamente propensa a las crecidas del río, definida por un desnivel desde el cual se extiende una vasta llanura que hoy se encuentra ocupada por las urbanizaciones de la zona baja del distrito. Este espacio se conecta con otra quebrada, conocida como Mangomarca. Dicho desnivel estaba delimitado por un canal de riego y un antiguo camino que lo vinculaba con otros poblados del interior del valle.
Oleo de Cyneius Hall, 1860, muestra la campiña luriganchina (Tomado de: https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/9/93/View_of_Lima_%28c.1860%29_-_Cyrenius_Hall.jpg)
A estas características del terreno se sumaban diversos puquiales y lagunas formadas por la emergencia de aguas subterráneas. El monte ribereño se caracterizaba por la presencia de sauces (Salix humboltiana), molles (Schinus terebinthifolius), frondosos pacaes (Inga feuilleei), carrizos, caña brava, pájaro bobo y algunos totorales. En sus aguas abundaban pequeños peces, escurridizos bagres y camarones. El cielo, por su parte, era surcado por bandadas de gaviotas, ibis, garzas blancas, guacos y bulliciosos loros. Este era el panorama de un apacible lugar donde el río, siempre dinámico, parecía recordar el importante caudal que daba vida al valle.

Entre las curiosidades del terreno sobresalían unos montículos que dibujaban diversas formas. Estas enigmáticas construcciones, hechas de cantos rodados, formaban parte de un culto hoy indescifrable. La arqueología las conoce como montículos efigie, y según el testimonio de un antiguo trabajador de la hacienda, en su interior habría tumbas (Abanto, 2008:96). 

Xacal
Rostworowski (1978:83) señala que el curaca de Lima tenía dominio sobre ciertas zonas en la otra ribera del río “desde San Lázaro hasta una rinconada denominada Xacal”. Este término, más que propio del quechua, parece haber sido introducido por los primeros españoles, ya que proviene del náhuatl de Centroamérica y alude a chozas o construcciones rústicas hechas de adobe o carrizo.

La hacienda
A inicios del siglo XX, la Comisión Técnica de Aguas (1919) determinó que la hacienda Zárate tenía una extensión de 290 hectáreas. Era propiedad de Miguel Checa y se encontraba arrendada a A. Pérez Palacios. En ese entonces, su principal producción era el algodón, además de pastos y otros cultivos. 

El extenso terreno era irrigado por dos canales principales cuya toma se ubicaba en “Punta de Diamante”, en los actuales límites entre Zárate y Campoy. 

Como señala Antonio Zapata (2013), las haciendas surgieron como parte de un proceso de “recomposición de tierras”. En la costa, durante el siglo XVII, la población nativa se redujo considerablemente, lo que llevó a la Corona a rematar tierras vacías. Estas unidades productivas, dedicadas a actividades agropecuarias, podían ser vendidas, arrendadas o parceladas. 

En el caso de la hacienda Zárate, para el siglo XVIII, su primer propietario fue don Lorenzo Zárate Agüero y B. y la producción de su hacienda era de alfalfa. maíz y yuca. Zárate formaba parte de las 23 haciendas distribuidas entre Lurigancho y su anexo Huachipa (Vega de Caceres,1996:60) 

Los planos
La cartografía de Lima incluye diversos planos que permiten observar el entorno de la capital en distintos momentos. En ocasiones, también existen planos elaborados por los propios propietarios, en los que se detallan parcelas, topónimos, caminos y redes de acequias. 

En este caso, se analizan cuatro planos correspondientes a distintas décadas del siglo XX. 

Hace algunos años, mi colega Julio Antón me facilitó la copia de un valioso plano de la hacienda Zárate, fechado a inicios del siglo XX, en el que se representaba la propiedad sin incluir su sección de Azcarrunz. 

El segundo plano corresponde a un detalle parcial de la misma hacienda, donde se muestra la quebrada Mangomarca. Data de mediados de la década de 1970 y, según la escritura pública que lo acompaña, está relacionado con la independización del fundo Mangomarca. 

El tercero es una composición de dos planos —Rímac y Campoy— elaborados por el Instituto Geográfico Militar en 1948. Se trata de documentos a color, con mayor precisión y detalle. 

Sobre el primer plano: titulado “Hacienda Zárate”, a escala 1:20 000, cubre un área de 113 446 fanegadas y está fechado en 1905. Se describe como copia de un original de 1896, excluyendo potreros que pasaron a formar parte de Azcarrunz, en el contexto de la división de bienes de don Luis Solari. El original, según indica la anotación del certificador, se encuentra en el Archivo Nacional. 

Plano hacienda Zarate, 1905

Este plano resulta particularmente interesante desde el punto de vista arqueológico, ya que muestra la presencia de montículos entre las parcelas, el brazo del antigua centro ceremonia “templo en U” e identifica a Mangomarca como “ruinas incaicas”. También se observan caminos y un puquial cercano a Chacarilla. 

Otro aspecto relevante es la toponimia: además de las haciendas colindantes, se registran nombres de parcelas como El Zanjón, Barbacoas, Pampa de Mangomarca y el camino a Campoy – Pedreros. 

El segundo plano, titulado “Área Total Fundo Mangomarca”, no precisa escala, aunque por sus características se estima cercana a 1:5 000. Registra una extensión de 70 hectáreas y 8 900 m², y parece corresponder al periodo entre las décadas de 1960 y 1970. Presenta el perímetro y la parcelación, incluyendo el ámbito de las huacas. Destacan topónimos como Tabla de Horno y Pampa de Mangomarca, así como la ubicación del antiguo cementerio de Jicamarca.

Plano de parcela quebrada Mangomarca, probablemente corresponda a 1970.

El tercer plano corresponde a la unión de dos láminas cartográficas tituladas “Rímac” y “Campoy”, a escala 1:20 000. Elaborados en 1948 y reimpresos hasta la década de 1960, ofrecen un alto nivel de detalle: caminos, acequias, tendidos eléctricos, parcelas y casas hacienda que subsistieron hasta ese periodo, antes del proceso de urbanización masiva. 

La toponimia es interesante, parcelas como Cahuas, Alcarruzo, El Pampon, Uña de Gato, forman parte de nombres rescatados en este plano.

Composición de planos donde se muestra el ámbito de la hacienda Zarate. (IGM, 1948)

Finalmente, se incluye un esquema utilizado en los contratos de venta de terrenos de la parcelación Azcarrunz Bajo (entrada de Zárate), perteneciente a la Compañía de Inversiones Lurigancho S.A., dirigida por Carlos Palacios Moreyra. El plano, fechado en 1964 y a escala 1:4000, muestra terrenos urbanos y semirrústicos de 1000 m². 


Esquema de lotización y ubicación de la oferta urbanística en Azcarrunz bajo.  

La urbanización 
Antes de la Reforma Agraria, Miguel Checa Solari, último hacendado de Zárate, decidió vender las tierras, promoviendo la creación de una nueva urbe cercana a Lima, en un proceso similar al ocurrido en Canto Grande. 

El testimonio de Enrique Solari Sawyne refleja el impacto de esta transformación:

“Hace ya un decenio, los escasos pobladores de la hacienda Zárate vimos aparecer grupos de hombres que instalaban teodolitos en los algodonales que ya nunca más serían regados. Unos días después, presenciamos la llegada de maquinaria de construcción, ingenieros, técnicos y peones, que borraron las acequias y tapias, encauzaron el río, que hasta entonces discurrió por donde quiso, nivelaron los campos y trazaron, sobre ellos, en líneas regulares, calles, parques, avenidas. Hoy podemos confesar que todo eso nos produjo una lacerante angustia: ¿Qué iba a pasar en nuestro valle? ¿Quiénes serían los pobladores de la naciente ciudad?. Diez años después, lo que otrora fuera angustia se ha convertido en confianza, optimismo y solidaridad. Zárate está hoy habilitado por una población vital, pujante, sana, laboriosa, honesta y optimista. A ella van dedicadas estas líneas de evocación y esperanza”. (Boletín Informativo N° 3 del Concejo Distrital de San Juan de Lurigancho. 13 de enero de 1971)

Actualmente, Zárate es una comunidad económicamente activa. En la zonificación distrital corresponde a la Zona 1, subdividida en cuatro comunas con perfiles socioeconómicos diferenciados. Su principal avenida (Gran Chimú) y la del malecón concentran un intenso flujo vehicular. 

Desde el reconocido bulevar, con su oferta de comercio, entretenimiento y gastronomía, hasta la zona industrial, Zárate genera importantes ingresos para el distrito. Todo indica que la urbanización continuará su crecimiento, impulsada por el mercado inmobiliario. 

Sin embargo, este desarrollo plantea desafíos importantes: la integración del patrimonio cultural y natural en la planificación urbana. La puesta en valor de Mangomarca y la recuperación de su ecosistema de lomas podrían constituir un atractivo clave para futuras gestiones. 

Comentarios Finales 
El caso de la hacienda Zárate refleja un proceso continuo de transformación territorial, marcado por divisiones y cambios de uso del suelo. Los planos analizados condensan cerca de 60 años de evolución, desde un paisaje agrícola hasta su consolidación urbana. 

A diferencia de otros sectores del distrito caracterizados por el crecimiento informal, Zárate presenta un trazo urbano ortogonal, planificado desde su origen, con infraestructura básica como redes de agua, desagüe, parques, pistas y veredas. 

El proyecto fue impulsado por el grupo inmobiliario Aspíllaga–Bertello–Checa Solari, que organizó el territorio en zonas residenciales e industriales. 

Durante el siglo XVIII, Zárate fue una de las haciendas más importantes del valle de Lurigancho y, posteriormente, una de las primeras en iniciar su proceso de urbanización antes de la Reforma Agraria.

En este sentido, Zárate no es únicamente un caso de urbanización temprana en San Juan de Lurigancho, sino un ejemplo claro de cómo la modernidad urbana se construye sobre capas anteriores de ocupación, muchas veces sin integrarlas plenamente. El desafío actual no es solo reconocer ese pasado, sino incorporarlo activamente en la planificación urbana, de modo que el patrimonio arqueológico y el paisaje histórico no queden relegados, sino que formen parte de la identidad y proyección futura del distrito. 

Vista panorámica desde el cerro San Cristobal a la urbanización Zárate (Foto:Julio Abanto, 2021)



Referencia: 
Abanto Ll., J. (2008). Petroglifos, Geoglifos y Pictografías en Quebrada Canto Grande. ARKINKA, 12(152) 
Jochamowitz. A. (1919). Memorias de la Comisión Técnica del Agua 1918-1919. Ministerio de Fomento. 
Rostworowski de Diez Canseco, M. (1978). Señoríos indígenas de Lima y Canta. Instituto de Estudios Peruanos (IEP). 
Vega de Caceres, I. (1996). Economía rural y estructura social en las haciendas de lima siglo XVIII. Fondo Editorial Pontificia Universidad Católica del Perú. 

Diccionario de americanismos. En: https://www.asale.org/damer/ 
Antonio Zapata: «El origen de las haciendas»: https://iep.org.pe/noticias/antonio-zapata-el-origen-de-las-haciendas/

lunes, 12 de enero de 2026

EL RESCATE DE UN RELATO PERDIDO: “Misteriosos antiguos caminos en las cercanías de Lima, 1968”

Julio Abanto Llaque

John Burkhard Zander

 

Cuando se toma conocimiento de que en Canto Grande existió un extenso sistema de líneas y figuras, incluso más antiguas que las conocidas en la región de Ica, específicamente en Nasca, surge la necesidad de buscar fuentes que permitan validar dicha información. Y, en efecto, estas evidencias existieron. La pampa de “Canto Grande” fue escenario de magníficos trazos utilizados por diversas culturas en su peregrinaje hacia la montaña sagrada del Cerro Colorado, vinculados a estructuras de carácter ceremonial y astronómico.

Con el paso del tiempo, estas expresiones fueron olvidadas: descubiertas en la primera mitad del siglo XX, posteriormente estudiadas y, finalmente, borradas para siempre por la indiferencia de quienes debieron protegerlas.

No es nuestro propósito profundizar en un tema que, afortunadamente, hoy cuenta con nuevos estudios. Por el contrario, buscamos rescatar un relato: el testimonio de un extraordinario extranjero que, por azares del destino, visitó esta quebrada y dejó constancia de aquellas figuras. Se trata de Theodore Charles “Ted” Pelikan, quien residía y trabajaba en Lima durante un período en el que el Peruvian Times —bajo la dirección de editores como C. N. Griffis y, más tarde, Nick Asheshov— era el principal periódico de la comunidad empresarial y de expatriados de habla inglesa en el Perú.

Su relato esta escrito en ingles, fue publicado en 1968. Es un texto difícil de ubicar, pues el diario fue posteriormente silenciado durante el régimen militar.


Theodore Charles Pelikan

Theodore Charles Pelikan nació en 1909 en Oak Park, Illinois, y fue miembro de la fraternidad Chi Psi. En 1935 se incorporó a Pan American Airways, contribuyendo al desarrollo pionero de rutas aéreas en América Central y del Sur. Se jubiló tras treinta y ocho años de servicio.

En calidad de Director Ejecutivo, participó en el establecimiento de Pan American Airways en México, Cuba, Ecuador, Colombia, Perú, Brasil y Afganistán. Fue honrado con recepciones presidenciales en Ecuador y Chile por su contribución al desarrollo de la aviación en dichos países. Entre sus múltiples intereses se encontraban el polo, la navegación, la arqueología, los viajes y la equitación competitiva.

Durante la década de 1940 fue miembro del Equipo Nacional de Polo y Equitación de Guatemala. En el Perú se desempeñó como superintendente regional de tráfico y ventas en Lima a fines de la década de 1950, representando los intereses de la aviación internacional en el país. Asimismo, escribió diversos artículos para el Peruvian Times durante las décadas de 1960 y 1970.

T. C. Pelikan falleció el 6 de abril de 2004, a los 94 años de edad, en Delray Beach, Florida.


Copia del ejemplar del cual recatamos el relato, en la actualidad continua su labor en formato digital


Andean Air Mail & Peruvian Times

El periodista pionero C. N. Griffis, conocido como “Griff” entre viajeros y aventureros sudamericanos y amazónicos, fue corresponsal de medios como The London Times, The New York Times, The Chicago Tribune, UPI, AP y Reuters. En 1940 se trasladó a una cuadra de la Plaza San Martín, en Lima, donde abrió una oficina y fundó el periódico Andean Air Mail & Peruvian Times.

Décadas más tarde, en noviembre de 1974, el periódico fue clausurado por el régimen militar del general Juan Velasco Alvarado. Policías vestidos de civil cerraron las oficinas del Peruvian Times y confiscaron los ejemplares en las imprentas. En sus inicios, el diario buscó ceñirse a noticias no controvertidas; sin embargo, en la década de 1980 ofreció una cobertura decisiva sobre la insurgencia de Sendero Luminoso y las violaciones a los derechos humanos, lo que le valió el Premio María Moors Cabot de la Universidad de Columbia en 1988 por su periodismo distinguido.

Tras una pausa de diez años, la editora Eleanor Griffis relanzó la publicación familiar como una revista de noticias en formato digital.

C.N. Griffis (Editor del Peruvian Times - 1958)

Hemos considerado la nota de presentación del editor, así como las fotografías incluidas en la versión en fotocopia, que constituye la única fuente actualmente disponible para este trabajo. A partir de este material, nos hemos atrevido a realizar algunas mejoras con apoyo de herramientas de inteligencia artificial (Gemini), orientadas principalmente a la corrección de detalles formales y a la optimización de la legibilidad de las imágenes.

Las fotografías originales no han podido ser localizadas, pese a los esfuerzos realizados para su recuperación. Por ello, se ha optado por trabajar con las imágenes reproducidas en la copia existente, procurando intervenirlas lo menos posible y respetar su contenido original.

Finalmente, se han realizado ajustes de estilo con el objetivo de facilitar la comprensión del relato traducido del ingles al castellano, sin alterar el sentido, la estructura ni la intención del texto original, priorizando siempre el respeto por la fuente y su contexto histórico.


LA NOTA:  “Misteriosos Antiguos Caminos en las Cercanías de Lima

En el valle de Canto Grande en las cercanías de Lima, sobre el cerro San Cristóbal por el lado distante del río Rímac, es una de las numerosas quebradas áridas típicas de los Andes Occidentales. En la parte alta de este valle numerosas líneas de origen aparentemente antiguo son claramente distinguibles.

(Ver fotos)

(Arriba) Fotografía tomada por el Servicio Aerofotográfico Nacional, mostrando el misterioso sistema de líneas de camino, con 200 pies de longitud en primer plano.


(Centro) Panorama de uno de los caminos con 11 pasos a través, sobre un largo camino recto. 25 pasos de ancho y a lo largo de toda la quebrada; estas fotos han sido retocadas con tinta blanca para indicar claramente su locación.


(Abajo) Camino central aclarado en el valley de Canto Grande, 25 pasos a través orientado hacia el norte; hacia la izquierda, T. C. Pelikan, representante especial de las Líneas Aéreas Pan American World Airways, residente en Lima, cuyo pasatiempo, en sus propios términos, es un “arqueología de fin de semana”.


Por qué estos caminos son un misterio. Su apariencia es similar en el tipo a los antiguos caminos hallados por el explorador Gene Savoy en los valles áridos del departamento de Ancash, al norte de Lima. Savoy sugiere que estos fueron empleados por los antiguos habitantes para procesiones ceremoniales o posiblemente maniobras militares. (Ver artículo del Sr. Pelikan en la página 4).

 

EL VALLE DE CANTO GRANDE

Explorador de Fin de Semana

(Por T. C. Pelikan)

Fue una alegre multitud observando las carreras de carros deportivos aquel domingo en el valle de Canto Grande cerca al río Rímac, solo a unas pocas millas de la ciudad de Lima. Adornos chillones, gente alegre, colores brillantes, pantalones ajustados, polos apretados y deliciosos helados complementan la escena del reciente camino pavimentado donde las carreras se desarrollan.

Mapa esquemático de la pampa o valle de Canto Grande, cerca de Lima, que muestra las antiguas vías de comunicación ilustradas en la página de portada II. Aparentemente, no existe registro de cuándo fueron trazados estos caminos ni con qué propósito.


Canto Grande es una estribación del valle con una llana superficie con algo de cinco millas de largo con tres millas de ancho que asciende suavemente hacia el norte con dirección a  los distantes picos de los Andes. El nuevo pavimento forma una red de caminos con una suave bajada, excelente para las competiciones de autos en los domingos antes que las viviendas crezcan en la nueva sub-división desarrollada.

Barriendo con los binoculares más allá de los diminutos carros empezaremos a captar inmediatamente un ancho sendero o camino echado en el centro del valle hacia lo más lejano final como a unas cinco millas de distancia. Completamente intrigado comenzamos a caminar hacia el interior de la quebrada, dentro de la quietud del espacio, dejando atrás la excitada multitud.

Oculto, inadvertido, extendiéndose al límite de los cielos, protegido con el peso de los siglos estaba este solitario valle con estos misteriosos caminos que corren a todo lo largo. El mismo camino estaba formado simplemente por la claridad de las piedras marrones y las rocas que están gruesamente recostadas en el llano, en el piso del valle, formando dos altas crestas paralelas de piedras dejando un centro claro, brillante sendero arenoso. Con 25 pasos o 75 pies de ancho y recto recorre a lo largo de toda la quebrada.

Examinando la parte alta de la quebrada con los binoculares, con mucha sorpresa para nosotros distinguimos otro par de líneas paralelas de caminos enigmáticos. Este tenía 50 pasos de ancho, 150 pies, y continuaba unas tres millas hacia un ángulo ligeramente divergente a las líneas originales en el centro. Completamente encantados, continuamos marchando cuesta arriba a lo que presumiblemente nada ha disturbado en siglos. No había señales de vida, ni vegetación o aparente movimiento de tierras en la superficie para disturbar estas curiosas marcas.

Entre Nazca y Palpa en la costa desértica unas 300 millas al sur de Lima hay unas similares líneas misteriosas. Usando la datación del Carbono-14, procesado sobre artefactos en las cercanías, las marcas han sido datadas entre 2000 y 3000 años de antigüedad. ¿Podrían éstas (líneas) de Canto Grande ser del mismo periodo y cultura similar?

Continuando hacia arriba se siente el calor y sin viento la quebrada se luce silenciosa y estéril, solo ocasionalmente se ven huesos blanqueados o cuernos de una cabra muerta que irrumpe en la extensión. De pronto llegamos a un claro de piedras y observamos, lo que entendimos como el centro de una serie de caminos. Estábamos en el eje de cinco o seis caminos radiales o radiales de piedras con variaciones de 5 a 11 pasos de ancho cada uno. Debía ser visto desde arriba, así seleccionamos un promontorio situado al lado a 200 pies y lo subimos. ¡Desde aquí la quebrada cobra vida! No lejos un árido desolado desierto de piedras. En todas direcciones de la quebrada, en el tablazo y debajo de nosotros, entrecruzados varios trechos, en serie y hay más marcas. Contamos cincuenta en total.

Solo para meditar sobre el significado del enigma bajo nosotros era un premiado esfuerzo, ejercicio intelectual, aunque sin poder darle solución a las respuestas: ¿Qué significaban?, ¿Símbolos ceremoniales?, ¿Antiguos caminos hacia sitios religiosos o calendarios primitivos formados por alineamiento con las estrellas o planetas en predeterminadas temporadas del año?, ¿Es posible que aquellos hombres, indudablemente muchos siglos atrás tuvieran un plan, un profundo pensamiento para registrar algún fenómeno que imprimían sus creativos cerebros, y estas líneas son la existente solución técnica de sus pensamientos? Qué intrigante enigma quedó aquí sobre muchos años. Desde la cresta de esta solitaria loma el susurro del viento sonaba como unas voces distantes, pero no divulgaba el secreto.

Por seis horas estuvimos explorando el caluroso desierto sin señal de alguna civilización. Los lados de la quebrada reflejaban el brillante sol y nuestras lenguas cayeron disecadas como aquellos cuernos de las cabras. Finalmente regresando al pie de la quebrada y la nueva subdivisión invadida. ¿Cuánto durarán estas antiguas marcas de culturas previas antes que el progreso se extienda por la quebrada entera y las eliminara?

La carrera de carros terminó, los heladeros se fueron. ¿Qué le paso a toda la excitación, las bromas alegres, los pantalones apretados y los motores rugientes sobre la nueva red de pavimento? Parado solo en la quietud del atardecer, uno cuestiona qué tal enigma, si algún día, tal vez a mil años a partir de ahora, alguien más estuviera en este mismo punto y tratase de imaginarse qué sucedió en estos dos misteriosos conjuntos de caminos, el antiguo y nuestro moderno.

¿Podría visualizar las cámaras, los autos de carrera, los alegres y brillantes sonidos de una sonriente alegre multitud celebrando la ceremonia de una carrera del siglo veinte?

Podríamos, mirar hacia atrás por lo oscuro de la quebrada y de los restos de las curiosas piedras testigos de aquellas antiguas ceremonias, quisiera imaginar aquellas multitudes similares a nosotros posiblemente de hace mil años, verlos entre risas y alegría.

Es un misterio intrigante en aquella silenciosa, solitaria quebrada.

 

Referencias:

l  Pelikan Ted (1968) The Canto Grande Valley. Peruvian Times, Abril. Lima

l  https://www.legacy.com/us/obituaries/legacyremembers/theodore-pelikan-obituary?id=27342096