Julio Abanto LL. y David Reyes Muñoz
Hace algunos años, una dirigente de una asociación de Mangomarca me invitó a su domicilio para revisar una serie de documentos relacionados con la antigua hacienda Zárate. En aquel momento, un nuevo intento de invasión en la zona de lomas hacía urgente reunir argumentos sólidos para defender este espacio y lograr finalmente el desalojo de los ocupantes ilegales.
Entre numerosos papeles, copias y antiguos expedientes vinculados a la ex hacienda, me entregó un plano correspondiente, únicamente, al sector de Mangomarca, además de documentación donde diversos propietarios definían la pertenencia de varios sectores de una de las haciendas más extensas e importantes de nuestro distrito.
Desde
entonces quedó en mí la duda sobre el origen de aquel plano. Hace poco publiqué
una breve nota sobre la cartografía de esta parte del antiguo valle de
Lurigancho y, al verla, mi entrañable amigo David Reyes —coautor del presente
trabajo— me comentó:
“Vi tu
publicación y reconocí la sección del plano correspondiente a Mangomarca. Yo
tengo en mi poder la otra parte; me la hizo llegar un colaborador del grupo de
Facebook El pasado de San Juan de Lurigancho”.
Gracias a ello fue posible reconstruir el plano de manera íntegra. El documento revela detalles de enorme valor histórico, pues permite reconstruir el paisaje rural y arqueológico previo al proceso de urbanización acelerada que transformó esta parte de Lima durante el siglo XX.
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Imagen 1: Vista integra del plano
correspondiente a la hacienda Zárate y Mangomarca, 1961 |
Entre sus elementos más relevantes destaca la identificación explícita de montículos arqueológicos, caminos y sectores agrícolas, así como el registro del nombre con el que era conocido un antiguo centro ceremonial hoy desaparecido. Estos datos constituyen evidencias fundamentales para comprender la configuración histórica del territorio y la memoria arqueológica de Mangomarca y de toda la quebrada de Canto Grande.
A
continuación, David Reyes nos brinda mayores detalles sobre la procedencia del
hallazgo, luego hablaremos de sus características y haremos un análisis sobre
su relevante información.
Origen del
plano
El 9 de
abril del presente año (2026), uno de los integrantes del grupo de Facebook El
Pasado de San Juan de Lurigancho me compartió, en formato digital, un
antiguo y valioso material cartográfico. Se trataba de un plano de la antigua
hacienda Zárate y del fundo Mangomarca, fechado en 1961.
Sin duda,
el documento despertó inmediatamente mi interés. Lo primero que hice al abrir
digitalmente el preciado plano fue recorrerlo visualmente, como en una vista de
vuelo de pájaro, buscando los sitios arqueológicos conocidos y mencionados en
la literatura especializada. De este modo pude reconocer la huaca Mangomarca,
el Potrero Tenorio y La Era, además de los antiguos montículos efigie de Zárate
y el desaparecido Templo en U. Asimismo, fue posible identificar el trazo del
antiguo Camino Real de Lurigancho, que atravesaba aquel extenso territorio
agrícola, así como la antigua casa-hacienda edificada sobre el montículo
arqueológico del Potrero Tenorio.
El interés
por identificar con mayor precisión cada uno de estos espacios me llevó a
revisar detenidamente los signos convencionales y la leyenda del plano, hecho
que permitió corroborar satisfactoriamente gran parte de las observaciones
iniciales.
Uno de los
aspectos más relevantes del documento es que registra las medidas de las
chacras o parcelas agrícolas de la hacienda, incluyendo también las dimensiones
en metros cuadrados de varios monumentos arqueológicos. Gracias a esta
información fue posible conocer, con notable precisión, la extensión de la
plaza central del desaparecido templo en U del valle, conocido antiguamente
como “La Huaquilla”, así como las dimensiones de los montículos Lima
correspondientes al Potrero Tenorio y La Era.
No cabe
duda de que este singular plano constituye una fuente documental de enorme
valor para la reconstrucción del antiguo paisaje rural y arqueológico de San
Juan de Lurigancho. La información que contiene resulta especialmente
provechosa y reveladora, razón por la cual iremos desarrollando y analizando
sus diversos elementos a lo largo del presente trabajo.
Análisis y
detalles del levantamiento cartográfico
El
principal inconveniente para realizar una evaluación más precisa del plano es
que actualmente no contamos con el soporte original del documento. Sin embargo,
la copia digital conservada posee una resolución adecuada y mantiene el color real,
lo que permite reconocer diversas anotaciones y detalles incorporados
posteriormente al levantamiento inicial.
Por las
características del material y la época en que fue elaborado, no cabe duda de
que el plano original debió realizarse sobre papel vegetal o albanene. No
obstante, el tono amarillento del soporte y la coloración azulada de los trazos
y letras indican, claramente, que la copia conservada corresponde a un ejemplar
ozalid, sistema de reproducción ampliamente utilizado en trabajos técnicos y de
ingeniería durante la década de 1960.
El
documento lleva por título en el membrete: “Plano de la Hacienda Zárate y
Mangomarca”. Presenta una escala de 1:4000; sin embargo, carece de escala
gráfica y de grillado cartográfico, elementos que habrían permitido identificar
con mayor precisión las coordenadas geográficas y la geolocalización exacta del
levantamiento, en el cual, además, figura la orientación correspondiente al
norte magnético. El autor del plano es el ingeniero Mario Mejía R.
Además de
representar los límites y colindancias con las haciendas circundantes, el plano
no brinda mayores detalles sobre curvas de nivel o cotas altitudinales que
permitan conocer la elevación del terreno en todo el espacio representado. A
pesar de ello, en algunos vértices del lindero se consignan puntos de
triangulación del Servicio Geográfico, entre ellos “La Basilia” y “Zárate”,
elementos técnicos que evidencian el carácter especializado del levantamiento.
Por la
certificación emitida por la Dirección de Aguas de Regadío, el documento
corresponde al año 1961.
La
información contenida en el plano resulta sumamente valiosa, no solo por la
presencia de una detallada leyenda que facilita la interpretación cartográfica,
sino también por el registro de parcelaciones agrícolas con su respectiva
toponimia, además de diversos componentes paisajísticos, tales como caminos,
huacas, canales de regadío, tipos de uso del suelo y características del
terreno.
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| Imagen 2: Cuadros técnicos y leyenda que acompaña la información gráfica del plano |
Finalmente, el documento presenta varios cuadros técnicos que pueden clasificarse de la siguiente manera:
A) Compensación de áreas según encauzamiento del río
Este cuadro
resulta particularmente interesante porque representa el proyecto de
encauzamiento del río y las modificaciones territoriales derivadas de dicha
intervención. El plano diferencia las áreas perdidas y las áreas ganadas como
consecuencia del nuevo curso fluvial, siendo mayor la superficie incorporada
que la afectada. Asimismo, se registra la implementación de defensas ribereñas
destinadas a proteger los terrenos agrícolas.
B) Cuadro técnico de áreas parciales
Este cuadro
proporciona información general sobre la distribución del territorio,
detallando áreas cultivadas, terrenos sin cultivo, espacios eriazos, caminos y
otros componentes del paisaje rural. La sumatoria total alcanza una extensión
de 663 hectáreas con 2965 m².
C) Cuadros técnicos parciales
Aunque
presentan un título similar al cuadro anterior, estos registros detallan
específicamente los componentes correspondientes a la Hacienda Zárate, el Fundo
Mangomarca y el lote Tenorio, permitiendo reconocer las dimensiones y
características particulares de cada unidad territorial.
Evidencias
arqueológicas cartografiadas
Como ya se
ha mencionado, el ingeniero Mejía, autor del plano, consignó en su
levantamiento diversos sitios arqueológicos emplazados dentro del territorio de
la antigua hacienda Zárate. Algunos de estos monumentos desaparecieron con el
transcurso del tiempo, principalmente debido a factores antrópicos. Entre ellos
destacan el antiguo templo en U, las huacas del Potrero Tenorio y La Era, así
como los llamados “montículos efigie” de Zárate. El complejo arqueológico de
Mangomarca también aparece registrado en el plano, siendo el único monumento
prehispánico que aún se conserva en la actualidad.
Con
respecto al templo en U, su existencia fue advertida por Abanto y Eyzaguirre
(1996) gracias al análisis de una fotografía aérea correspondiente al año 1944.
Dichos autores denominaron al monumento como el “Templo en U de Azcarrunz”.
La huaca
estaba conformada por tres cuerpos volumétricos principales. Su morfología
arquitectónica se componía de un cuerpo central o pirámide mayor —que
constituía el núcleo del conjunto— y dos montículos o plataformas alargadas
laterales, conocidas como “brazos”, los cuales configuraban una planta en forma
de herradura que encerraba una plaza abierta orientada hacia el lado este.
Este tipo
de edificaciones, orientadas generalmente hacia el noreste, corresponde al
Periodo Formativo (1800–200 a. C.) y representa una de las expresiones
ceremoniales más tempranas de organización compleja en los Andes Centrales.
Gracias a la información consignada en el plano, sabemos que la plaza principal
del monumento tenía un área aproximada de 17 250 m², mientras que el brazo
derecho alcanzaba los 12 500 m².
Por sus
características arquitectónicas, el edificio se asocia claramente a la
tradición de los templos en U descrita por Williams (1981), vinculada al
desarrollo de importantes centros ceremoniales en la costa central peruana.
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| Imagen 3: Recreación con IA del templo en U de Azcarrunz (La Huaquilla), teniendo como base la reconstrucción isométrica que realiza Abanto (2009:167) |
Otro aspecto particularmente interesante es la información toponímica registrada en la cartografía. La parcela donde se emplazaba el monumento aparece identificada con el nombre de “La Huaquilla”, hecho que permite suponer que los antiguos pobladores y trabajadores de la hacienda conocían de esta manera al sitio arqueológico.
En una
fotografía aérea del SAN correspondiente al año 1958 se observa una
construcción rudimentaria y contemporánea emplazada entre el cuerpo central y
uno de los brazos de la huaca. Sin embargo, en otra imagen aérea del SAN de
1944 dicha estructura aún no existía, lo que permite inferir que para mediados
del siglo XX ya se había iniciado el proceso de ocupación y destrucción
progresiva del conjunto piramidal.
En la
actualidad el edificio ha desaparecido completamente. Su destrucción fue
paulatina y estuvo relacionada, en un primer momento, con la ampliación de
áreas agrícolas y la necesidad de nuevos terrenos de cultivo. Posteriormente,
la instalación de ladrilleras en la zona aceleró el proceso de depredación,
provocando finalmente la desaparición irreversible de este importante centro
ceremonial prehispánico.
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| Imagen 4. Composición (plano-foto) en donde se observa el templo en U (la Huaquilla). La fotografía (SAN, 1958) muestra, prácticamente, el mismo panorama en un tiempo contemporáneo al del plano. |
Otro de los vestigios arqueológicos consignados en el plano corresponde al denominado Potrero Tenorio, sitio que tomó el nombre de la parcela agrícola donde se emplazaba. De acuerdo con las investigaciones de Palacios y Guerrero (1992), el lugar estaba conformado por varios montículos arqueológicos y presentó contextos funerarios singulares asociados a diversas ofrendas, entre las que destacan vasijas cerámicas y dos figurinas correspondientes al estilo Nievería.
Según la cartografía
analizada, el Potrero Tenorio ocupaba una extensión aproximada de 67 690 m². El
denominado Montículo A, construido con pequeños adobes modelados a mano, estaba
vinculado a la tradición cultural Lima. Presentaba planta cuadrangular y se
encontraba conformado por dos plataformas superpuestas, alcanzando
aproximadamente tres metros de altura.
Sobre el lado oeste de este
montículo artificial —cuya extensión alcanzaba los 12 400 m²— fue edificada
posteriormente la casa-hacienda de Zárate, alterando considerablemente la
configuración original del sitio arqueológico.
Hacia el lado noreste del
Montículo A, en la parcela agrícola denominada “La Era”, se ubicaba otro
montículo arqueológico de características semejantes, identificado como el
“Montículo Mayor”, cuya extensión alcanzaba los 4 450 m².
En diversos perfiles y cortes
expuestos en el terreno donde se emplazaba este monumento se recuperaron
materiales cerámicos asociados al estilo Maranga, correspondiente a la cultura
Lima, particularmente de las fases 7 y 9. Asimismo, en la fotografía aérea del
SAN de 1944 se observan sobre la cima del montículo algunos muros, posiblemente
elaborados en tapial. No obstante, hasta el momento se desconoce si dichas
estructuras fueron construidas durante época prehispánica o si corresponden a
ocupaciones posteriores de época colonial o republicana.
Lamentablemente, estos sitios arqueológicos
fueron destruidos durante la década de 1960 debido a la instalación de adoberas
en la zona y al posterior proceso de urbanización que transformó radicalmente
aquel antiguo paisaje agrícola y monumental.
El plano también registra una serie de antiguos montículos ubicados en la zona baja de la hacienda Zárate, hacia el lado sur del antiguo Camino Real de Lurigancho. Estos vestigios, denominados “montículos efigie de Zárate” (Abanto, 2008), estaban constituidos por un conjunto de elevaciones de baja altura, de formas y tamaños irregulares, entre las que destacaban algunas estructuras de planta alargada.
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| Imagen 6: La IA nos da una idea de cómo debieron lucir los montículos efigie entre los campos de cultivo, algunos eran bastante largos de más de 200 mts y orientados paralelos al curso del río. |
Según se observa en la cartografía, estos montículos se encontraban dispersos en diversas parcelas agrícolas, entre ellas Uña de Gato, La Gangosa y Potreros 1 y 2, entre otras. Las estructuras estaban construidas a base de cantos rodados unidos con barro y, por sus características morfológicas y contextuales, se presume que tuvieron una función funeraria.
Registros semejantes de este
tipo de montículos han sido identificados también en las inmediaciones de la
antigua hacienda de Comas, en el sector de La Atarjea, en El Agustino, así como
en la desembocadura del río Chillón, en la zona de Márquez. Lamentablemente,
todos estos vestigios fueron arrasados debido a diversos factores antrópicos
asociados a la expansión urbana de Lima Metropolitana.
En el caso de los montículos efigie de Zárate,
estos fueron destruidos como consecuencia del proceso de urbanización de la
hacienda Zárate iniciado a comienzos de la década de 1960. En la actualidad no
subsiste ningún rastro superficial visible de estas antiguas estructuras
arqueológicas.
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| Imagen 7: Composición (plano-foto). En la fotografía como en el plano se visualizan los diversos montículos ubicados en el piso de valle, cerca a la vera del río Rímac. |
El documento también registra el sitio arqueológico de Mangomarca, representado en tres sectores claramente identificables: hacia el sur, la gran pirámide escalonada o santuario; al centro, el denominado canchón o corralón; y, más alejada hacia el noreste, la pirámide de plataformas escalonadas correspondiente al actual sector C del complejo arqueológico.
Sin embargo, hacia el norte
de esta última estructura se observa un pequeño montículo emplazado fuera de
las parcelas agrícolas, el cual correspondería al actual sector A de
Mangomarca. Esta misma configuración espacial puede apreciarse en la fotografía
aérea del SAN de 1958, donde aún se distingue el conjunto arqueológico rodeado
por áreas de cultivo.
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| Imagen 8: Recreación digital (IA) del complejo arqueológico de Mangomarca. |
Para entonces, el sitio ya enfrentaba un acelerado proceso de destrucción debido al avance progresivo de los campos agrícolas sobre el denominado fundo Mangomarca. Sobre este hecho existe un importante testimonio registrado en un informe de una comisión del Senado de la República (1953:27), la cual intervino para impedir la destrucción del conjunto mediante maquinaria pesada:
“En uno y otro sector, los
monumentos están rodeados por fundos agrícolas, que han penetrado con sus
cultivos en las áreas arqueológicas…. «Mangomarca» con la hacienda «Zárate»; en
estas ruinas, en el momento que la Comisión realizaba su visita, presenció el
trabajo de un «caterpillar», terraplanando un espacio del cual se han demolido
muros y paredes de las construcciones de la ciudad arqueológica, quedando a la
vista en la tierra removida abundante material de cerámica rota y también se
constató en estas mismas ruinas la utilización de canales para el riego de los
terrenos ganados, causando humedad destructora para el resto de los edificios
arqueológicos que aún quedan en pie”.
A pesar de que posteriormente
toda esta área geográfica fue urbanizada, parte importante de los vestigios
arqueológicos logró conservarse. No obstante, el monumento quedó prácticamente
encerrado y rodeado por viviendas, calles y pistas, situación que alteró
profundamente su paisaje original y su relación con el entorno natural y
agrícola que lo caracterizó durante siglos.
Actualmente, Mangomarca constituye uno de los
principales monumentos prehispánicos conservados en San Juan de Lurigancho y
cuenta con reconocimiento oficial como Patrimonio Cultural de la Nación.
Finalmente, uno de los aspectos más valiosos consignados en el plano corresponde al sistema de red hidráulica de la quebrada, infraestructura que constituyó una verdadera obra monumental de ingeniería agrícola y que permitió ampliar considerablemente las áreas de cultivo en el valle.
Se registra el trazado de
canales, acequias y ramales de distribución de agua, evidenciando la
complejidad del sistema de irrigación que abastecía a las diversas parcelas
agrícolas de la hacienda. Asimismo, el plano identifica con precisión la
ubicación de la toma principal, es decir, el punto donde se realizaba el desvío
de las aguas del río hacia la red de regadío destinada al aprovechamiento
agrícola del territorio.
Este sistema hidráulico no
solo permitió la expansión de las tierras cultivables dentro de la quebrada,
sino que además refleja el largo proceso de transformación del paisaje y el
conocimiento técnico acumulado para el manejo eficiente del recurso hídrico en
un espacio caracterizado por la aridez de la costa central peruana.
La presencia de esta red de irrigación evidencia
también la estrecha relación existente entre el paisaje agrícola y los
asentamientos humanos que ocuparon históricamente la zona, configurando un
territorio donde coexistieron actividades productivas, caminos, haciendas y
monumentos arqueológicos articulados por el control y distribución del agua.
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| Imagen 10: Grupo de vasijas estilo Nevería procedentes de los entierros hallados en Potrero Tenorio (Guerrero y Palacios, 1992:25) |
Comentarios
finales
El plano de
la Hacienda Zárate y fundo Mangomarca de 1961 constituye un documento
excepcional para comprender la transformación histórica del paisaje en la parte
baja de la quebrada de Canto Grande y el antiguo valle de Lurigancho. Más allá
de su valor técnico y agrícola, la cartografía preserva información fundamental
sobre un territorio profundamente alterado por el crecimiento urbano de Lima
Metropolitana durante la segunda mitad del siglo XX.
La
importancia de este documento radica en que registra elementos actualmente
desaparecidos o severamente modificados, permitiendo reconstruir la relación
entre el paisaje rural, la infraestructura hidráulica y los monumentos
arqueológicos que coexistieron en este sector del valle. En ese sentido, el
plano no solo posee valor cartográfico, sino también memoria histórica y
patrimonial.
Resulta
especialmente significativo que diversos sitios arqueológicos consignados en la
cartografía hayan desaparecido pocos años después de realizado el
levantamiento. Esta situación evidencia la velocidad y magnitud del proceso de
destrucción del patrimonio arqueológico en San Juan de Lurigancho, fenómeno
asociado inicialmente a la expansión agrícola, las adoberas y posteriormente al
acelerado crecimiento urbano.
Asimismo,
la información toponímica y las referencias a parcelas agrícolas aportan
valiosos indicios sobre la manera en que los antiguos pobladores y trabajadores
de la hacienda identificaban el territorio y convivían cotidianamente con
estructuras prehispánicas que, pese a su deterioro, aún formaban parte del
paisaje local.
Finalmente,
este trabajo demuestra la enorme utilidad de la cartografía histórica y de las
fotografías aéreas como herramientas complementarias para la investigación
arqueológica y la reconstrucción de paisajes desaparecidos, especialmente en
zonas urbanizadas donde las evidencias materiales han sido destruidas o
alteradas irreversiblemente.
Conclusiones
- El plano de la Hacienda Zárate y fundo
Mangomarca de 1961 constituye una fuente documental de extraordinario
valor para el estudio del antiguo paisaje rural y arqueológico de San Juan
de Lurigancho.
- La cartografía permite identificar
diversos monumentos arqueológicos hoy desaparecidos, entre ellos el templo
en U de Azcarrunz o “La Huaquilla”, los montículos del Potrero Tenorio, La
Era y los denominados montículos efigie de Zárate.
- El documento aporta información inédita
sobre dimensiones, ubicación y distribución espacial de varios sitios
arqueológicos, permitiendo complementar y contrastar los datos obtenidos
mediante fotografías aéreas y trabajos de campo previos.
- La presencia de topónimos tradicionales
asociados a parcelas agrícolas y monumentos arqueológicos evidencia la
permanencia de una memoria territorial vinculada al paisaje prehispánico
dentro de la antigua hacienda.
- El sistema hidráulico registrado en el
plano demuestra la complejidad de la infraestructura agrícola que
articulaba el valle y pone en evidencia la importancia del manejo del agua
en la configuración histórica del territorio.
- El análisis cartográfico confirma que
gran parte de los monumentos arqueológicos de la zona fueron destruidos
durante las décadas de 1950 y 1960 a causa de la expansión agrícola, las
actividades extractivas de adoberas y el posterior proceso de urbanización.
- La conservación, estudio y difusión de
este tipo de documentos históricos resulta fundamental para reconstruir
paisajes desaparecidos y fortalecer la memoria histórica y patrimonial de
San Juan de Lurigancho.
Bibliografía:
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Quebrada Canto Grande”, Arkinka. 12(152), 92-97.
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Williams,
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(3.ª ed., Vol. 8, pp. 367–595). Editorial Juan Mejía Baca.










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