En el intento de brindar información sobre algunas localidades situadas al interior del distrito de San Juan de Lurigancho, destaca una urbanización asentada al pie de la margen derecha del río, cuyo nombre ha perdurado en el tiempo: Zárate.
Se trata de una especie de ensenada, históricamente propensa a las crecidas del río, definida por un desnivel desde el cual se extiende una vasta llanura que hoy se encuentra ocupada por las urbanizaciones de la zona baja del distrito. Este espacio se conecta con otra quebrada, conocida como Mangomarca. Dicho desnivel estaba delimitado por un canal de riego y un antiguo camino que lo vinculaba con otros poblados del interior del valle.
![]() |
| Oleo de Cyneius Hall, 1860, muestra la campiña luriganchina (Tomado de: https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/9/93/View_of_Lima_%28c.1860%29_-_Cyrenius_Hall.jpg) |
A estas características del terreno se sumaban diversos puquiales y lagunas formadas por la emergencia de aguas subterráneas. El monte ribereño se caracterizaba por la presencia de sauces (Salix humboltiana), molles (Schinus terebinthifolius), frondosos pacaes (Inga feuilleei), carrizos, caña brava, pájaro bobo y algunos totorales. En sus aguas abundaban pequeños peces, escurridizos bagres y camarones. El cielo, por su parte, era surcado por bandadas de gaviotas, ibis, garzas blancas, guacos y bulliciosos loros. Este era el panorama de un apacible lugar donde el río, siempre dinámico, parecía recordar el importante caudal que daba vida al valle.
Entre las curiosidades del terreno sobresalían unos montículos que dibujaban diversas formas. Estas enigmáticas construcciones, hechas de cantos rodados, formaban parte de un culto hoy indescifrable. La arqueología las conoce como montículos efigie, y según el testimonio de un antiguo trabajador de la hacienda, en su interior habría tumbas (Abanto, 2008:96).
Xacal
Rostworowski (1978:83) señala que el curaca de Lima tenía dominio sobre ciertas zonas en la otra ribera del río “desde San Lázaro hasta una rinconada denominada Xacal”. Este término, más que propio del quechua, parece haber sido introducido por los primeros españoles, ya que proviene del náhuatl de Centroamérica y alude a chozas o construcciones rústicas hechas de adobe o carrizo.
La hacienda
A inicios del siglo XX, la Comisión Técnica de Aguas (1919) determinó que la hacienda Zárate tenía una extensión de 290 hectáreas. Era propiedad de Miguel Checa y se encontraba arrendada a A. Pérez Palacios. En ese entonces, su principal producción era el algodón, además de pastos y otros cultivos.
El extenso terreno era irrigado por dos canales principales cuya toma se ubicaba en “Punta de Diamante”, en los actuales límites entre Zárate y Campoy.
Como señala Antonio Zapata (2013), las haciendas surgieron como parte de un proceso de “recomposición de tierras”. En la costa, durante el siglo XVII, la población nativa se redujo considerablemente, lo que llevó a la Corona a rematar tierras vacías. Estas unidades productivas, dedicadas a actividades agropecuarias, podían ser vendidas, arrendadas o parceladas.
En el caso de la hacienda Zárate, para el siglo XVIII, su primer propietario fue don Lorenzo Zárate Agüero y B. y la producción de su hacienda era de alfalfa. maíz y yuca. Zárate formaba parte de las 23 haciendas distribuidas entre Lurigancho y su anexo Huachipa (Vega de Caceres,1996:60)
Los planos
La cartografía de Lima incluye diversos planos que permiten observar el entorno de la capital en distintos momentos. En ocasiones, también existen planos elaborados por los propios propietarios, en los que se detallan parcelas, topónimos, caminos y redes de acequias.
En este caso, se analizan cuatro planos correspondientes a distintas décadas del siglo XX.
Hace algunos años, mi colega Julio Antón me facilitó la copia de un valioso plano de la hacienda Zárate, fechado a inicios del siglo XX, en el que se representaba la propiedad sin incluir su sección de Azcarrunz.
El segundo plano corresponde a un detalle parcial de la misma hacienda, donde se muestra la quebrada Mangomarca. Data de mediados de la década de 1970 y, según la escritura pública que lo acompaña, está relacionado con la independización del fundo Mangomarca.
El tercero es una composición de dos planos —Rímac y Campoy— elaborados por el Instituto Geográfico Militar en 1948. Se trata de documentos a color, con mayor precisión y detalle.
Sobre el primer plano: titulado “Hacienda Zárate”, a escala 1:20 000, cubre un área de 113 446 fanegadas y está fechado en 1905. Se describe como copia de un original de 1896, excluyendo potreros que pasaron a formar parte de Azcarrunz, en el contexto de la división de bienes de don Luis Solari. El original, según indica la anotación del certificador, se encuentra en el Archivo Nacional.
![]() |
| Plano hacienda Zarate, 1905 |
Este plano resulta particularmente interesante desde el punto de vista arqueológico, ya que muestra la presencia de montículos entre las parcelas, el brazo del antigua centro ceremonia “templo en U” e identifica a Mangomarca como “ruinas incaicas”. También se observan caminos y un puquial cercano a Chacarilla.
Otro aspecto relevante es la toponimia: además de las haciendas colindantes, se registran nombres de parcelas como El Zanjón, Barbacoas, Pampa de Mangomarca y el camino a Campoy – Pedreros.
El segundo plano, titulado “Área Total Fundo Mangomarca”, no precisa escala, aunque por sus características se estima cercana a 1:5 000. Registra una extensión de 70 hectáreas y 8 900 m², y parece corresponder al periodo entre las décadas de 1960 y 1970. Presenta el perímetro y la parcelación, incluyendo el ámbito de las huacas. Destacan topónimos como Tabla de Horno y Pampa de Mangomarca, así como la ubicación del antiguo cementerio de Jicamarca.
![]() |
| Plano de parcela quebrada Mangomarca, probablemente corresponda a 1970. |
El tercer plano corresponde a la unión de dos láminas cartográficas tituladas “Rímac” y “Campoy”, a escala 1:20 000. Elaborados en 1948 y reimpresos hasta la década de 1960, ofrecen un alto nivel de detalle: caminos, acequias, tendidos eléctricos, parcelas y casas hacienda que subsistieron hasta ese periodo, antes del proceso de urbanización masiva.
La toponimia es interesante, parcelas como Cahuas, Alcarruzo, El Pampon, Uña de Gato, forman parte de nombres rescatados en este plano.
Finalmente, se incluye un esquema utilizado en los contratos de venta de terrenos de la parcelación Azcarrunz Bajo (entrada de Zárate), perteneciente a la Compañía de Inversiones Lurigancho S.A., dirigida por Carlos Palacios Moreyra. El plano, fechado en 1964 y a escala 1:4000, muestra terrenos urbanos y semirrústicos de 1000 m².
La urbanización
Antes de la Reforma Agraria, Miguel Checa Solari, último hacendado de Zárate, decidió vender las tierras, promoviendo la creación de una nueva urbe cercana a Lima, en un proceso similar al ocurrido en Canto Grande.
El testimonio de Enrique Solari Sawyne refleja el impacto de esta transformación:
“Hace ya un decenio, los escasos pobladores de la hacienda Zárate vimos aparecer grupos de hombres que instalaban teodolitos en los algodonales que ya nunca más serían regados. Unos días después, presenciamos la llegada de maquinaria de construcción, ingenieros, técnicos y peones, que borraron las acequias y tapias, encauzaron el río, que hasta entonces discurrió por donde quiso, nivelaron los campos y trazaron, sobre ellos, en líneas regulares, calles, parques, avenidas.
Hoy podemos confesar que todo eso nos produjo una lacerante angustia: ¿Qué iba a pasar en nuestro valle? ¿Quiénes serían los pobladores de la naciente ciudad?.
Diez años después, lo que otrora fuera angustia se ha convertido en confianza, optimismo y solidaridad. Zárate está hoy habilitado por una población vital, pujante, sana, laboriosa, honesta y optimista. A ella van dedicadas estas líneas de evocación y esperanza”. (Boletín Informativo N° 3 del Concejo Distrital de San Juan de Lurigancho. 13 de enero de 1971)
Actualmente, Zárate es una comunidad económicamente activa. En la zonificación distrital corresponde a la Zona 1, subdividida en cuatro comunas con perfiles socioeconómicos diferenciados. Su principal avenida (Gran Chimú) y la del malecón concentran un intenso flujo vehicular.
Desde el reconocido bulevar, con su oferta de comercio, entretenimiento y gastronomía, hasta la zona industrial, Zárate genera importantes ingresos para el distrito. Todo indica que la urbanización continuará su crecimiento, impulsada por el mercado inmobiliario.
Sin embargo, este desarrollo plantea desafíos importantes: la integración del patrimonio cultural y natural en la planificación urbana. La puesta en valor de Mangomarca y la recuperación de su ecosistema de lomas podrían constituir un atractivo clave para futuras gestiones.
Comentarios Finales
El caso de la hacienda Zárate refleja un proceso continuo de transformación territorial, marcado por divisiones y cambios de uso del suelo. Los planos analizados condensan cerca de 60 años de evolución, desde un paisaje agrícola hasta su consolidación urbana.
A diferencia de otros sectores del distrito caracterizados por el crecimiento informal, Zárate presenta un trazo urbano ortogonal, planificado desde su origen, con infraestructura básica como redes de agua, desagüe, parques, pistas y veredas.
El proyecto fue impulsado por el grupo inmobiliario Aspíllaga–Bertello–Checa Solari, que organizó el territorio en zonas residenciales e industriales.
Durante el siglo XVIII, Zárate fue una de las haciendas más importantes del valle de Lurigancho y, posteriormente, una de las primeras en iniciar su proceso de urbanización antes de la Reforma Agraria.
En este sentido, Zárate no es únicamente un caso de urbanización temprana en San Juan de Lurigancho, sino un ejemplo claro de cómo la modernidad urbana se construye sobre capas anteriores de ocupación, muchas veces sin integrarlas plenamente. El desafío actual no es solo reconocer ese pasado, sino incorporarlo activamente en la planificación urbana, de modo que el patrimonio arqueológico y el paisaje histórico no queden relegados, sino que formen parte de la identidad y proyección futura del distrito.
![]() |
| Vista panorámica desde el cerro San Cristobal a la urbanización Zárate (Foto:Julio Abanto, 2021) |
Referencia:
Abanto Ll., J. (2008). Petroglifos, Geoglifos y Pictografías en Quebrada Canto Grande. ARKINKA, 12(152)
Jochamowitz. A. (1919). Memorias de la Comisión Técnica del Agua 1918-1919. Ministerio de Fomento.
Rostworowski de Diez Canseco, M. (1978). Señoríos indígenas de Lima y Canta. Instituto de Estudios Peruanos (IEP).
Vega de Caceres, I. (1996). Economía rural y estructura social en las haciendas de lima siglo XVIII. Fondo Editorial Pontificia Universidad Católica del Perú.
Diccionario de americanismos. En: https://www.asale.org/damer/
Antonio Zapata: «El origen de las haciendas»: https://iep.org.pe/noticias/antonio-zapata-el-origen-de-las-haciendas/
_-_Cyrenius_Hall.jpg)




No hay comentarios.:
Publicar un comentario