Julio Abanto Llaque
John Burkhard Zander
Cuando se toma conocimiento de que en Canto Grande
existió un extenso sistema de líneas y figuras, incluso más antiguas que las
conocidas en la región de Ica, específicamente en Nasca, surge la necesidad de
buscar fuentes que permitan validar dicha información. Y, en efecto, estas
evidencias existieron. La pampa de “Canto Grande” fue escenario de magníficos
trazos utilizados por diversas culturas en su peregrinaje hacia la montaña
sagrada del Cerro Colorado, vinculados a estructuras de carácter ceremonial y
astronómico.
Con el paso del tiempo, estas expresiones fueron
olvidadas: descubiertas en la primera mitad del siglo XX, posteriormente
estudiadas y, finalmente, borradas para siempre por la indiferencia de quienes
debieron protegerlas.
No es nuestro propósito profundizar en un tema que,
afortunadamente, hoy cuenta con nuevos estudios. Por el contrario, buscamos
rescatar un relato: el testimonio de un extraordinario extranjero que, por
azares del destino, visitó esta quebrada y dejó constancia de aquellas figuras.
Se trata de Theodore Charles “Ted” Pelikan, quien residía y trabajaba en Lima
durante un período en el que el Peruvian Times —bajo la dirección de editores
como C. N. Griffis y, más tarde, Nick Asheshov— era el principal periódico de
la comunidad empresarial y de expatriados de habla inglesa en el Perú.
Su relato esta escrito en ingles, fue publicado en
1968. Es un texto difícil de ubicar, pues el diario fue posteriormente
silenciado durante el régimen militar.
Theodore Charles Pelikan
Theodore Charles Pelikan nació en 1909 en Oak Park,
Illinois, y fue miembro de la fraternidad Chi Psi. En 1935 se incorporó a Pan
American Airways, contribuyendo al desarrollo pionero de rutas aéreas en
América Central y del Sur. Se jubiló tras treinta y ocho años de servicio.
En calidad de Director Ejecutivo, participó en el
establecimiento de Pan American Airways en México, Cuba, Ecuador, Colombia,
Perú, Brasil y Afganistán. Fue honrado con recepciones presidenciales en
Ecuador y Chile por su contribución al desarrollo de la aviación en dichos
países. Entre sus múltiples intereses se encontraban el polo, la navegación, la
arqueología, los viajes y la equitación competitiva.
Durante la década de 1940 fue miembro del Equipo
Nacional de Polo y Equitación de Guatemala. En el Perú se desempeñó como
superintendente regional de tráfico y ventas en Lima a fines de la década de
1950, representando los intereses de la aviación internacional en el país.
Asimismo, escribió diversos artículos para el Peruvian Times durante las
décadas de 1960 y 1970.
T. C. Pelikan falleció el 6 de abril de 2004, a los
94 años de edad, en Delray Beach, Florida.
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Copia del ejemplar del cual recatamos el relato, en la actualidad continua su labor en formato digital
Andean Air Mail & Peruvian Times
El periodista pionero C. N. Griffis, conocido como
“Griff” entre viajeros y aventureros sudamericanos y amazónicos, fue
corresponsal de medios como The London Times, The New York Times, The Chicago
Tribune, UPI, AP y Reuters. En 1940 se trasladó a una cuadra de la Plaza San
Martín, en Lima, donde abrió una oficina y fundó el periódico Andean Air Mail
& Peruvian Times.
Décadas más tarde, en noviembre de 1974, el
periódico fue clausurado por el régimen militar del general Juan Velasco
Alvarado. Policías vestidos de civil cerraron las oficinas del Peruvian Times y
confiscaron los ejemplares en las imprentas. En sus inicios, el diario buscó
ceñirse a noticias no controvertidas; sin embargo, en la década de 1980 ofreció
una cobertura decisiva sobre la insurgencia de Sendero Luminoso y las
violaciones a los derechos humanos, lo que le valió el Premio María Moors Cabot
de la Universidad de Columbia en 1988 por su periodismo distinguido.
Tras una pausa de diez años, la editora Eleanor
Griffis relanzó la publicación familiar como una revista de noticias en formato
digital.
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C.N. Griffis (Editor del
Peruvian Times - 1958)
Hemos considerado la nota de presentación del editor, así como las fotografías incluidas en la versión en fotocopia, que constituye la única fuente actualmente disponible para este trabajo. A partir de este material, nos hemos atrevido a realizar algunas mejoras con apoyo de herramientas de inteligencia artificial (Gemini), orientadas principalmente a la corrección de detalles formales y a la optimización de la legibilidad de las imágenes.
Las fotografías originales no han podido ser
localizadas, pese a los esfuerzos realizados para su recuperación. Por ello, se
ha optado por trabajar con las imágenes reproducidas en la copia existente,
procurando intervenirlas lo menos posible y respetar su contenido original.
Finalmente, se han realizado ajustes de estilo con
el objetivo de facilitar la comprensión del relato traducido del ingles al castellano, sin alterar el sentido, la
estructura ni la intención del texto original, priorizando siempre el respeto
por la fuente y su contexto histórico.
LA NOTA:
“Misteriosos Antiguos Caminos en las
Cercanías de Lima”
En el valle de Canto Grande en las
cercanías de Lima, sobre el cerro San Cristóbal por el lado distante del río Rímac, es una de las numerosas
quebradas áridas típicas de los Andes Occidentales. En la parte alta de este
valle numerosas líneas de origen aparentemente antiguo son claramente
distinguibles.
(Ver fotos)
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(Arriba) Fotografía
tomada por el Servicio Aerofotográfico Nacional, mostrando el misterioso
sistema de líneas de camino, con 200 pies de longitud en primer plano. |
Por qué estos caminos son un misterio. Su apariencia es similar en
el tipo a los antiguos caminos hallados por el explorador Gene Savoy en los
valles áridos del departamento de Ancash, al norte de Lima. Savoy sugiere que
estos fueron empleados por los antiguos habitantes para procesiones
ceremoniales o posiblemente maniobras militares. (Ver artículo del Sr. Pelikan
en la página 4).
EL VALLE DE CANTO
GRANDE
Explorador de Fin de
Semana
(Por T. C. Pelikan)
Canto Grande
es una estribación del valle con una llana superficie con algo de cinco millas
de largo con tres millas de ancho que asciende suavemente hacia el norte con
dirección a los distantes picos de los
Andes. El nuevo
pavimento forma una red de caminos con una suave bajada, excelente para las
competiciones de autos en los domingos antes que las viviendas crezcan en la
nueva sub-división desarrollada.
Barriendo con los binoculares más
allá de los diminutos carros empezaremos a captar inmediatamente un ancho
sendero o camino echado en el centro del valle hacia lo más lejano final como a
unas cinco millas de distancia. Completamente intrigado comenzamos a caminar
hacia el interior de la
quebrada,
dentro de la quietud del espacio, dejando atrás la excitada multitud.
Oculto, inadvertido, extendiéndose al
límite de los cielos, protegido con el peso de los siglos estaba este solitario
valle con estos misteriosos caminos que corren a todo lo largo. El mismo camino
estaba formado simplemente por la claridad de las piedras marrones y las rocas
que están gruesamente recostadas en el llano, en el piso del valle, formando
dos altas crestas paralelas de piedras dejando un centro claro, brillante sendero arenoso. Con 25 pasos o 75 pies de ancho y
recto recorre a lo largo
de toda la quebrada.
Examinando la parte alta de la
quebrada con los binoculares, con mucha sorpresa para nosotros distinguimos
otro par de líneas paralelas de caminos enigmáticos. Este tenía 50 pasos de
ancho, 150 pies, y continuaba unas tres millas hacia un ángulo ligeramente
divergente a las líneas originales en el centro. Completamente encantados,
continuamos marchando cuesta arriba a lo que presumiblemente nada ha disturbado
en siglos. No había señales de vida, ni vegetación o aparente movimiento de
tierras en la superficie para disturbar estas curiosas marcas.
Entre Nazca y Palpa en la costa
desértica unas 300 millas al sur de Lima hay unas similares líneas misteriosas.
Usando la datación del Carbono-14, procesado sobre artefactos en las cercanías,
las marcas han sido datadas entre 2000 y 3000 años de antigüedad. ¿Podrían
éstas (líneas) de Canto Grande ser del mismo periodo y cultura similar?
Continuando hacia arriba se
siente el calor y sin viento
la quebrada se luce silenciosa y
estéril, solo
ocasionalmente se ven huesos blanqueados o cuernos de una cabra muerta que
irrumpe en la extensión. De pronto llegamos a un claro de piedras y observamos,
lo que entendimos como el centro de una serie de caminos. Estábamos en el eje
de cinco o seis caminos radiales o radiales de piedras con variaciones de 5 a
11 pasos de ancho cada uno. Debía ser visto desde arriba, así seleccionamos un promontorio situado
al lado a 200 pies y lo subimos. ¡Desde aquí la quebrada
cobra vida! No lejos un árido desolado desierto de piedras. En todas
direcciones de la quebrada, en el tablazo y debajo de nosotros, entrecruzados varios trechos, en serie y hay más marcas. Contamos cincuenta
en total.
Solo para meditar sobre el
significado del enigma bajo nosotros era un premiado esfuerzo, ejercicio intelectual, aunque sin poder
darle solución a las
respuestas: ¿Qué
significaban?,
¿Símbolos ceremoniales?, ¿Antiguos caminos hacia sitios religiosos o calendarios primitivos
formados por alineamiento con las estrellas o planetas en predeterminadas
temporadas del año?, ¿Es posible que aquellos hombres, indudablemente muchos siglos atrás
tuvieran un plan, un profundo pensamiento para registrar algún fenómeno que
imprimían sus creativos cerebros, y estas líneas son la existente solución
técnica de sus pensamientos? Qué intrigante enigma quedó aquí sobre muchos
años. Desde la cresta de esta solitaria loma el susurro del viento sonaba como
unas voces distantes, pero no divulgaba el secreto.
Por seis horas estuvimos explorando
el caluroso desierto sin señal de alguna civilización. Los lados de la quebrada
reflejaban el brillante sol y nuestras lenguas cayeron disecadas como aquellos
cuernos de las cabras. Finalmente regresando al pie de la quebrada y la nueva
subdivisión invadida. ¿Cuánto durarán estas antiguas marcas de culturas previas
antes que el progreso se extienda por la quebrada entera y las eliminara?
La carrera de carros terminó, los
heladeros se fueron. ¿Qué le paso a toda la excitación, las bromas alegres, los
pantalones apretados y los motores rugientes sobre la nueva red de pavimento?
Parado solo en la quietud del atardecer, uno cuestiona qué tal enigma, si algún día, tal vez a
mil años a partir de ahora, alguien más estuviera en este mismo punto y tratase de imaginarse qué sucedió en estos dos misteriosos
conjuntos de caminos, el antiguo y nuestro moderno.
¿Podría visualizar las cámaras, los
autos de carrera, los alegres y brillantes sonidos de una sonriente alegre
multitud celebrando la ceremonia de una carrera del siglo veinte?
Podríamos, mirar hacia atrás por lo
oscuro de la quebrada y de los restos de las curiosas piedras testigos
de aquellas antiguas
ceremonias, quisiera imaginar aquellas multitudes similares a
nosotros posiblemente de hace mil años, verlos entre risas y alegría.
Es un misterio intrigante en aquella
silenciosa, solitaria quebrada.
Referencias:
l
Pelikan Ted (1968) The Canto Grande
Valley. Peruvian Times, Abril. Lima
l
https://www.legacy.com/us/obituaries/legacyremembers/theodore-pelikan-obituary?id=27342096





